Weirdland
Hetermodualidad
¿Vendrás? Seguro que no.
¿Llamarás? Obvio que no.
¿Te veré? No más
Adios
Escrito en dos minutos

Me angustia tener que escribir tanto en tan poco tiempo, pero tengo que probar que mi velocidad de tipeo entonces como no tengo ganas de ponerme a copiar algún texto que tengo, decidí escribir todo aquello que fluya de mi cabeza en solo dos minutos, y realmente es increible ver cuantas cosas pueden surgir y cuan largo son solo dos minutos.
Mientras escribo de reojo miro el reloj al lado del hombrecito del MSN que me mira descostillandose de risa, ya que hasta él se da cuenta lo rídiculo de la prueba que estoy haciendo, para hacerla aun más kitshc a esta prueba sin sentido, por los parlantes con agujeritos en forma de estrellas y corazones suena la música de Spagna Call Me. Si luego de esto sigo vivo creo que tendré que llamar a mi psicóloga y solicitarle que adelante unos días mi sesión porque se nota que no estoy para nada bien. En fin...
No, basta de cosas que vienen a mi mente para quedar plasmadas acá, no es que sea un burocrata comferiano, sino que no quiero quedar como un desacatao si alguno en su mal juicio decide sentarse a leer esta necedad que tiene tanto sentido como querer atrapar la lluvia con una red para mariposas.
Pobre las mariposas que no llegan a ser orugas. Pero tu mariposa gélida eres de las mas temerarias y aun cuando eres solo un capullo sigues intentando sacar tus alas de cristal húmedo para atrapar a ese ser que sabes que nunca valorará tu belleza pétrea.
Se va acabando el tormento, pero mis manos siguen firmes como los espartanos en guerra, aunque NUNCA TANTO.
Con que necesidad uno puede hacer esto, se preguntaría mi ex-mejor amigo Javier, y uno (o sea, yo mismo) responde, porque así soy yo de complicado y rebuscado, pero es mi esencia.
Como esto es mi cabeza, mientras pienso en Atenas, mi manos están pegando cupones de valor en una hoja con agujeritos, pero mis ojos ven como la gente pasa muerta de frío deseando que caiga nieve para armar patéticos muñecos de nieve que tienen tanta diversión como los que comen nieve, habrase visto algo tan naif en esta vida.
Tic, tac, tic, tac creo que hace el muñequito del MSN golpeando el reloj.
Termino
FIN
La Flor del Jardin de la Abuela
Me gustan poco y nada las flores, porque se mueren tan pronto que nunca terminan de brindarnos su tesoro más oculto. Cuando podemos apreciarlas están muertas y sin nada que podamos manipular a conciencia para que sean. Solía darle ácidos para que vivieran un poco flasheadas un tiempo más, pero no tienen esa onda psicodélica que tanto me gusta.
Pero vos, mi querida amiga, sabes que la margarita es mi flor preferida, no porque sea especial en su belleza, sino porque sabe de mis amores, de mis tristezas, de mi sexualidad, de mi maternidad, de mi infancia, de mi dolor, de mi alegría. Pero sobre todo porque es la flor más loca, delirada, limada y sacada de toda la madre botánica.
Cuando te veo caminar, con tus pasos de perra en celo, cautelosa buscando ese macho que te quitará pétalo a pétalo tu virginidad de cortesana francesa, sé por tus estambres y pistilos que estás por hacerme entrar a tu mundo el cual entra solo quién tu hayas invitado con esa invitación verde y dinámica que nadie más puede tener.
¡Oh Margarita! Sos tan cruel, tan despiadada, tan irónica y sutil, que quiero beber tu néctar de mujer freudiana, de esa mujer que vivió miles de vidas, que puede brindarme su ying y su yang cada vez que me ve abatido por tantas correrías de infante poco educado y muy malcriado. Bésame este labio carnoso, sujétame de mis orejas y grítame que estoy vivo, que aunque no tenga tu savia, tengo en mis venas sangre verde fluo que espera más y más de tu mambo psicotrónico.
Sos esa anciana que teje y teje armando una red de la cual nadie podrá escapar, porque sabes que tu punto Santa Clara es único. Esa facilidad para crear mundos y destruirlos que tienes me apasiona. Admiro cuando dices esas cosas que nadie quiere escuchar y luego te marchas como esa dama que sos y no quieres ser, sos eso y más, mucho más.
¡Oh Margarita Andina! Amo tus manos laboriosas y tu risa sarcástica. Sos ciclotímica como un camaleón en avanzada de guerra espartana y eso me gusta. Quiero aprender de vos tus tácticas, tus estrategias puras para eliminar de mi mente todo aquello que me hace mal, aun cuando ambos, vos, Margarita de barracán, y yo, duende vallisto, sabemos que eso es imposible.
Nací de vos, quizás en una de tus masturbaciones con aquel venusiano que te sedujo mientras hacías yoga en tu terraza acompañada de una de tus más fieles guerreras de la isla de Lesbos. Me pariste entre hojas de libros, flores secas, leche quemada con canela y discos de Soda Stereo y ese bolero de Ravel que tanto me atrae escuchar y que aun me duerme en esos sueños de fotografía en color siena.
Ahora estoy acá, solo, esperando por él, ese ser tan siniestro y tan magnético, que me lleva a lejanas tierras otomanas a beber de él, y quizás de algún oasis con dátiles y dromedarios escapados de la mente de algún sirio amigo nuestro. Él me lleva y yo quiero ir.
¡Oh Margarita, maldita y bendita Margarita! ¡Oh Margarita de los mil sabores de té! ¡Oh Margarita de plata de alpaca, de poncho de llama y de diseño propio! Vos me creaste, soy tan tuyo como de Dalí. Déjame ir, porque sabes tu red, esa red en punto Santa Clara jamás se cortará entre nosotros, porque estamos tan unidos como estuvo escrito desde siempre. Yo soy tu hijo y vos sos mi madre. Yo soy tu brote de margarita que quiere crecer y quiero que él, ese que elegí quite uno a uno mis pétalos, quiero surgir y fluir, quiero ser una flor bella y mostrarme en plenitud, y cuando me quede poco para brindarle, morir entre sus manos en su almohada, junto a sus labios que añoro tanto besar.
Gracias Margarita, gracias por pan y por tu vino, por tu mate y por tus tilos. Gracias por ser mi madre naturaleza y madre budista, mi madre cómplice de correrías edípicas y esa madre que envidian en todos lados cuando ven tus pétalos negros que vuelan con ese viento zonda que te curtió tu perfecto rostro Daliano.
Shhhhhh, no digas nada, no me aferres ni me sueltes, como haces siempre, e invoca como sueles hacer, porque estamos conectados por esa energía cósmica que solo vos y yo conocemos, y que tan egoístamente ocultamos y tenemos en nuestras mentes de mundos e historias lejanas.
Ahora me marcho, despacio y corriendo, como un duende de sombra y de luz que esconde en sus manos sus mejores obras, en su corazón ese amor-odio que no muestra a nadie (salvo a él) y en su mente todo ese mundo de Tolkien que no quiere que nadie conozcas si no se lo merece.
Adiós, te veo en nuestra próxima vida, porque sé que estarás ahí, sentada con tu cabello suelto y largo hasta la cintura, de ese negro que tanto me apasiona, o con ese cabello tan corto que juega con tu androgínia que tanto amas tener. Esperame, porque sabes bien que regresaré a ti.
La Respuesta
-Escribimos cien cartas y tú no has respondido.
-Eso, también es una respuesta




