Mis experiencias en la República Dominicana
Estuve unos días de vacaciones en la República Dominicana, específicamente en Playa Dorada, Puerto Plata. Puerto Plata se encuentra al norte de la isla y desde Puerto Rico tardamos una hora y unos 20 minutos en llegar. Es interesante que estando tan cerca, nunca había ido a RD. Y más curioso que hicimos este viaje porque mi cuñada y su esposo iban a vacacionar allá desde Londres y no queríamos desaprovechar la oportunidad de poder verlos. Pero ya no necesito excusa alguna para viajar a nuestra cercana isla porque me quedé con las ganas de volver. Mi experiencia por la tierra del merengue fue muy buena. Llegamos a eso de las tres de la tarde a un aeropuerto pequeño en un avión pequeño, en el cual por cierto, mi esposo y yo (que somos bien gorditos) no sé cómo cupimos, quedamos prensados, ja, ja. Ni los cinturones nos pudimos poner. Bueno, pero no temimos que hubiera mal tiempo, la verdad, no había forma de que saliéramos volando de lo pillados que estábamos. Pero esos son otros 20 pesos, como decimos por acá. Desde el aire y tan pronto pisé tierra pensaba en lo parecido que era el color de la vegetación a la de Puerto Rico. Y luego comprobé que la arena, las palmeras y las playas que vi en el sector son similares a las de mi isla, así que me sentí como en casa, pero entre otros acentos... y muchos otros, pues era yo la única boricua en el hotel. Básicamente todos los huéspedes eran europeos (muchos de Reino Unido, Francia y Alemania).
Disfruté de buena comida, muy criolla, por cierto. Comí mangú de desayuno. Para el que no sepa lo que es mangú, le cuento que es una comida típica dominicana hecha de plátano verde hervido y majado con aceite de oliva, sal y cebolla. Todos los días hubo menús variados, así que tuvimos mucho de dónde escoger (oh, como que nos olvidamos del viaje de regreso en el avioncito apretao).
La piscina era muy linda y limpia. Mi esposo no salió de ella jugando volleyball y soccer y se tostó con el sol. Yo me embarré de protector solar, nadé un poquito e hice aeróbicos en el agua. Algo curioso, al menos para mí, es que las mujeres europeas están acostumbradas a andar topless en la playa y la piscina. Fue algo chocante y gracioso a la vez, pero ellas estaban tan cómodas y felices, que pude hacerme la desentendida. También hice algunas compritas. El cambio está a unos 32 pesos por dólar. Cuando me dieron el dinero dominicano se me parecieron a los billetes que se usan en Monopolio, pero no tuve problema en gastarlos ;-)
Una de las noches que más disfruté fue a la orilla de la playa, cuando hicieron una fogata bien grande. Había música en vivo y un juego que me mató de la risa, donde los participantes tenían que tomarse una cerveza de una vez, dar diez vueltas con un palo y correr hacia el otro extremo y sentarse en una silla. Fue comiquísimo ver que corrían para cualquier sitio menos la meta.
Algo que quiero destacar es la amabilidad de todos los empleados del hotel y de la gente en general y lo bien informados que están de la historia de su país. Tuve conversaciones muy interesantes con ellos. ¿Qué aprendí? Muchísimo. Pero ese tema es harina de otro costal.
Bueno, en fin, pasé cinco días súper agradables en donde el sol, la familia, la buena comida y el entretenimiento se juntaron para hacer de mis vacaciones unas inolvidables.
enviado 12-22-2005 07:12 am
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