Fuera de lugar
Misión ‘Desierto’
Lunes, 02-18-2008, 6:53:35 pm

En desarrollo de los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel firmados en 1978, la ONU creó la Fuerza Multinacional de Observación, en la que ejércitos de 11 países vigilan la frontera del desierto del Sinaí. Allí hay un contingente de colombianos, 357 hombres que conforman el Batallón Colombia No. 3, que pisó esta tierra árida desde 1982. Algunos soldados que vivieron esta experiencia compartieron con esta cronista sus historias.
Apostado en una de las mallas que dividen el cantón ‘Gorah’, de la soledad inmensa y calurosa del desierto, lugar donde se encuentra la Fuerza Multinacional de Observación del Sinaí (FMO), una pequeña ‘multitud’ egipcia sorprendió al soldado Omar Bautista Hernández. En uno de esos días de sol insoportable, en los que se multiplican el hambre y la sed de las pastoriles mujeres que arrean sus ovejas en esta zona que separa a Egipto de Israel, una decena de ellas se lanzó desesperada a pedirle comida. Sabían que era la hora en que las sobras de la mangarilla (la ración alimenticia de los soldados), se botaban.
“La verdad me conmovieron mucho pero a mí ya me habían advertido que era prohibido darles sobras porque resulta que ellos por cultura, comen una sola vez al día, entonces lo que les sobra lo guardan entre la arena y lo consumen después. Eso les provoca intoxicaciones”, cuenta Bautista, rememorando episodios que siete años atrás en el 2001, lo llevaron a hacer parte del Batallón Colombia No.3, la misión de paz del país en el Sinaí.
Él reconoce, como la mayoría de los soldados, que ir allí es definitivamente un premio. Que al Sinaí sólo van los mejores, y que es un privilegio ser observador de los Acuerdos de Paz de Camp David, un pacto de no agresión firmado en 1978 entre Egipto e Israel.
Colombia terminó siendo parte de ese contingente de soldados desde marzo de 1982, cuando el director de la FMO, Lemon R. Hunt, le solicitó al presidente Julio César Turbay Ayala, que se estudiara la posibilidad de contribuir con un batallón de Infantería de 500 hombres. Actualmente hay 357, entre oficiales, suboficiales y soldados.
“La pobreza de Egipto contrasta con la riqueza de Israel. La diferencia es berraca. Cuando usted pasa la frontera a Israel ya se ven los campos verdes, la gente vive sin tantas restricciones, las mujeres no tienen que taparse de pies a cabeza. En el Cairo, la gente se preocupa más por tener armas que por ponerle ventanas a las casas”, dice por su parte el soldado Mario Alberto Correa Cardona, quien hace dos años llegó de la misión.
Todos los que han ido se han dejado sorprender por las realidades de Tierra Santa y coinciden en que además de representar a Colombia, lo más enriquecedor es conocer otras culturas, no solo la de los nativos del lejano oriente, sino la de los propios soldados de los otros nueve países con quienes conviven en el Gora: Australia, Canadá, Islas Fiji, Francia, Hungría, Italia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Uruguay.
“Los soldados colombianos somos muy respetados por el conflicto de nuestro país. La mayoría de quienes vamos es por resultados de orden público, entonces hay sobrevivientes de combates duros como el del Cañón de la Llorona, de Dabeiba, del Guaviare. Algunos llegan recién heridos, entonces se hacen corrillos de los militares de otros países, escuchando nuestras historias”, cuenta a su turno el Sargento Viceprimero Wilson Hernández Prada, quien precisamente fue al Sinaí por sus tres medallas de orden público otorgadas tras sus acciones combativas en Quimbaya y San José del Guaviare.
La guerra colombiana que se traslada en forma de palabra a miles de kilómetros de distancia, no obstante es una realidad allí, en donde a un lado de la frontera, en Israel, civiles, hombres y mujeres, son eminentemente soldados, prestan cinco años de servicio militar y andan armados; y en la otra, en Egipto, hay lugares vedados para patrullar a pie, como el Valle de los Generales, donde desde la época de la guerra del día del perdón en 1973, hay minas enterradas.
“Uno se da cuenta que Colombia es muy estable, aquí hay una libertad que ellos no tienen, sobre todo las mujeres (...) Pero también compartimos enemigos silenciosos: para ellos, los suicidas, para nosotros, los campos minados, son armas que no se ven”, añade el Sargento Hernández.
Sus tareas
Los hombres que son comisionados al Batallón Colombia No.3, lugar donde prestan su servicio por ocho meses, son postulados por sus comandantes de compañía, y escogidos por el Estado Mayor de cada brigada, de donde salen aproximadamente 15 en tres relevos al año.
Reciben una instrucción de un mes en la escuela de ingenieros, que incluye las nociones básicas sobre el conflicto árabe - israelí, derechos humanos y aviación.
Precisamente una de las funciones puntuales de los soldados, es vigilar que las partes no sobrevuelen el territorio del otro, y si es así, reportar las coordenadas precisas.
“Nosotros nos ubicamos en los puestos de observación (OPI), tres o cuatro soldados y al mando, un suboficial. A lo largo de la frontera prestamos guardia y hacemos relevos cada dos o tres días; también cuidamos la seguridad dentro del cantón”, explica el soldado Bautista.
Los colombianos están ubicados en la Zona C: un campo de 11.620 kilómetros cuadrados, de los cuales 4.400 kilómetros del norte están bajo su custodia. El centro y el sur son controlados por el Ejercito Fiji y el Americano, respectivamente.
Deben además, asegurar la libertad de navegación a través del Estrecho de Tiran en el Mar Rojo.
“En mi estadía hubo casos aislados de la violación del espacio aéreo. Tomamos la hora, las coordenadas, y se definió una multa. En el momento en que se desate una guerra, que es el peor de los escenarios, nosotros tenemos 45 minutos para salir de allí. Nos llevan a Roma y de allí a Colombia, porque por ser fuerza de paz, no tenemos por qué combatir”, subraya el Sargento Hernández.
No obstante, ellos están dotados de un fusil galil y sus respectivas municiones, que según sus experiencias, no han tenido que usar más que para prácticas de polígono. En cambio, hay otro uniforme que es indispensable.
“Una cárcel cinco estrellas”
“Allá hay dos estaciones: Invierno y verano. En la primera estamos vestidos con pasamontañas, sacos, guantes, bufandas y chaqueta, porque el frío es intenso. En el verano, usamos gafas porque si no viviríamos con los ojos encandelillados; también para soportar las tormentas de arena”, afirma el soldado Correa.
En el contingente hay una cuota de ocho soldados bachilleres, con el inglés o el francés como segundo idioma, quienes facilitan las relaciones con las demás tropas.
Ellos, los más jóvenes, son los primeros en apuntarse a los toures hacia Europa, que les ofrecen para vacacionar durante el mes que les corresponde como descanso en la comisión.
“Los que queremos ahorrar sólo vamos a conocer Tierra Santa, porque uno siempre quiere mandarle platica a su familia y los toures son costosos, de hasta 5.000 dólares (el ingreso para los soldados es de U$750 y para los suboficiales de U$1000, libres al mes). Hay otros que incluso en ese mes se devuelven a Colombia porque la soledad es inmensa. “Aunque uno pueda llamar por 25 centavos de dólar, la falta que hace la familia es indescriptible”, asegura Correa, quien 15 días antes de terminar su periodo, perdió a su madre por culpa de un cáncer, y la distancia no le permitió venir a su entierro en Colombia.
“Yo siempre he dicho que el Sinaí es como una cárcel cinco estrellas. Usted allá lo tiene todo pero no puede salir. La familia me hizo mucha falta; mi hijo, mi esposa, usted mira al desierto y se da cuenta de lo lejos que está”, dice el Sargento Hernández, quien vivió esta experiencia ya hace casi 15 años, en 1994 cuando aún no había señal de televisión internacional y tampoco instrucción de inglés para los soldados.
Tour por Tierra Santa
Quizá ese desconsuelo lo palian en los días de descanso que son jueves y viernes, cuando salen a recorrer los terrenos de los países que los rodean
Para llegar a El Cairo, gastan seis horas de camino pasando por el golfo de Aquaba y tomando un ferry para llegar al canal del Suez. Es imposible que en el trayecto alguno de ellos haya dejado de treparse en un camello en el desierto, así les cobraran más del dólar reglamentario.
También han visitado Nazareth, Jerusalén y Belén, el Castillo del Rey Salomón y el Valle de los Generales, todos estos lugares con la inmensidad del Mar Mediterráneo como telón de fondo.
“En Israel al principio impresiona la religiosidad. Pero luego no era raro ir en un taxi y que llegara la hora de la oración y el conductor se bajara y en medio de la calle se arrodillara a rezar (...) En el muro de los lamentos, las mujeres rezan a un lado y los hombres al otro y para entrar a las mezquitas hay que usar un gorrito”, acota el Sargento Hernández.
No obstante, para un colombiano acostumbrado de alguna manera a la monogamia, no dejaba de causar curiosidad el hecho de que en algunas discotecas las mujeres bailen para un solo jeque, con el ánimo de que las desposen; y al mismo tiempo algunos hombres lo hagan para que los tomen de sirvientes después de castrarlos.
También les llamaba la atención el hecho de caminar por las calles de Egipto y encontrarse una bandera blanca ondeando en una casa, no en símbolo de paz, sino como seña de que una mujer estaba en venta a cambio de un camello o una oveja.
“En nuestro contingente habían cerca de seis mujeres con cargos de médicas, contadoras, psicólogas. En el ejército americano hay cerca de 40. A todas ellas las respetamos mucho, sobre todo luego de ver esas costumbres”, enfatiza Hernández.
En Israel en cambio, ellas visten como quieren y salen sin problemas. Incluso hay muchas colombianas pertenecientes a la colonia en ese país, que tienen como lugar de encuentro restaurantes de comida nacional e incluso una discoteca llamada ‘Salsa’, donde se dan cita para disfrutar de ritmos latinos.
El impasse
Aunque de las palabras de estos soldados se puede concluir que la experiencia es inmejorable, hace un par de años el Batallón Colombia estuvo envuelto en el centro de una polémica por la indisciplina de algunos de los miembros de la Fuerza.
En esa ocasión el Ejército tuvo que asumir la investigación de una serie de hechos, que a la postre, causaron la destitución de cinco soldados y el cambio en las normas de selección del personal.
El primero de ellos fue la pérdida de un arma a manos de un soldado; el segundo fue un accidente automovilístico en el que por exceso de velocidad, un militar perdió la vida; el tercero se conoció cuando una suboficial holandesa denunció que uno de los colombianos la observó mientras se bañaba; y un último, quizá el más grave, tuvo que ver con las compras que militares del Batallón hicieron con dólares falsos en El Cairo.
Una fuente del Ministerio de Defensa indicó que los hechos motivaron la revisión del estatuto que rige este destacamento “ya que hay un desconocimiento generalizado de la misión que se cumple en el Sinaí. Se tiene la creencia de que quienes viajan a ese batallón lo hacen para pasear y ganarse unos dólares. Allí se requiere sacrificio y trabajo (...) Quienes van ahora deben tener un tiempo mínimo de cinco años en la fuerza y la influencia que antes ejercían parientes u otras personalidades para la conformación del Batallón dejó de tenerse en cuenta”.
Las precisiones se refieren a que antes del impasse, a pesar de que un 90% los soldados eran escogidos por méritos (de hecho Hernández, Bautista y Correa fueron miembros destacados en sus respectivas contraguerrillas), los generales tenían uno o dos cupos, para designar a ‘dedo’ quien iba.
“Yo pienso que son casos aislados de gente irresponsable, porque por ejemplo cuando salimos en los vehículos, siempre va un suboficial, además salimos en carros de la MFO debidamente identificados. Son pequeños lunares, que no pueden enlodar el nombre del batallón”, puntualiza Hernández, y confiesa que no le molestaría regresar al Sinaí. Después de todo, hay quienes han tenido la suerte de haberlo hecho hasta tres veces.
‘Force Skills’
El Batallón Colombia, aunque en esencia es de Infantería, está conformado por todas las armas y se encuentra dividido en tres compañías: la ASPC, Ayacucho y Bolívar.
Cuenta con una plana mayor conformada por las secciones de Personal, Inteligencia, Instrucción y Operaciones, Logística y Relaciones Civiles y Militares.
Todas ellas están al mando de un oficial de grado Mayor, quien tiene el cargo de Ejecutivo y Segundo Comandante del Batallón.
A lo largo de los años, estos soldados se han destacado en una competencia llamada ‘Force Skills’, una tradición de cuatro lustros, que consiste en tres días de dura competencia en varias estaciones que incluyen: el paso de pista, el procedimiento de evacuación médica, la pista de reconocimiento de aeronaves y vehículo, y lectura de cartas de navegación haciendo uso de brújulas.
“Somos los primeros quizá por las habilidades que desarrollamos en los combates y la supervivencia que nos toca aprender. Además, entrenamos todas las mañanas. Siempre estamos compitiendo con los del Ejército de la isla Fiji”, sostiene el soldado Correa.
Se dan dos en el año, la primera en abril y la segunda en octubre, donde Colombia ocupa siempre los primeros puestos.




