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Mujeres tejedoras: de hilazas y de sueños

Domingo, 02-03-2008, 1:30:00 pm

Lo único que Leonor Vanegas sabe del Macramé, es que es un arte que se hace con una hilaza muy cara y que sus manos son las agujas que lo tejen. Le basta con saber que un futuro cercano hará parte de una microempresa que le dará el sustento para ella y sus dos niños de 13 y 14 años.
Aunque desconoce que es una técnica milenaria de procedencia francesa, que llegó a Colombia por la Guajira durante la época de la Conquista, todo los miércoles y sábados se reúne para aprenderla junto a otras 40 mujeres que como ella, son madres cabeza de familia, y que ahora cuentan con un espacio en común: La Fundación Familiar Humanitaria San Martín.
Allí, en un escenario de aproximadamente 58 m2que tiene lugar en el barrio Providencia Alta, al sur de la ciudad, estas madres no solo se han ido perfeccionando en el arte del Macramé, sino que también reciben clases de sistemas, inglés, culinaria, panadería , pintura de cerámica, de tela y lencería.
Incluso hay capacitación en primaria y secundaria para quienes no la tienen y proyectos a corto plazo para la realización de diplomados en gestión de empresas comunitarias, contabilidad financiera y comercial, que serían avalados por la Universidad Gran Colombia .
 
S.O.S por madres cabezas de familia
A la cabeza de esta Fundación está una mujer menuda y de voz menguada, trabajadora y también madre cabeza de familia. Sus ideales y ganas de sacar su institución adelante son inversamente proporcionales a su contextura.
Rosalba Rodríguez, una mujer que no soporta “ver llorar a los niños de hambre”, no solo es una de las forjadoras de este sueño que inició hace más de dos años junto a otras cuatro personas, sino que es quien aún se gasta sus días enteros haciendo lobby ante las posibles instituciones que puedan contribuir a la Fundación.
“Nuestro objetivo es poder brindarles a esas madres un mejor estilo de vida, brindarles alimento, educación, salud y trabajo para que puedan salir adelante. Hay que seguir tocando puertas para extender los beneficios” 
Y aunque grandes cadenas como Pomona, Carulla, Olímpica, y Cadenalco, no han respondido a sus solicitudes, otras como el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bogotá, la Fundación Colombia Presente, y Computadores para Educar del Ministerio de Comunicaciones, han puesto su cuota de donación a través de recursos humanos y técnicos.  
Ocho profesionales, entre enfermeras, docentes y hasta recreacionistas, hacen parte de un equipo de trabajo que presta sus servicios a 180 madres 160 niños y 48 jóvenes.
“A una madre soltera la solución que le brindan es el aborto o dar a su hijo en adopción. A uno le da mucha tristeza esas madres que tienen tal despreocupación por la vida, que dejan a sus hijos en las basuras. Nosotros les damos la oportunidad que puedan sacar su familia adelante”, dice Rosalba.
“Para mí lo más difícil es la situación económica. Mantener a mi hija y dos nietos .Afortunadamente aquí me ayudan con medicina y mercado. Hasta con consejos. Aquí me abren las puertas así sea a la media noche”, cuenta Luz Dora Agudelo, quien vive agradecida con la Fundación.
De ella también hacen parte cinco hombres que son cabeza de hogar y se han ganado la admiración de sus pares femeninas. “Nosotros tenemos que dar ejemplo en la unión familiar. El manejo de los hijos para la convivencia social es difícil, y más en estos sectores” sostiene Cupertino Cárdenas, un hombre de 52 años que tiene tres hijos que sostiene con su trabajo como escenógrafo en el canal Teleamiga.
 
Construyendo microempresa
Desde el 10 de marzo de 2001, cuando la Fundación adquirió nombre ante la Cámara de Comercio, se gestó también un nuevo propósito: la generación de empleo para que las madres puedan obtener algún tipo de ingreso.
La empresa Arte del Telar se vinculó entonces a esta iniciativa a través de la prestación de servicios de capacitación para las mujeres que quieren aprender el Macramé: el arte de anudar y trenzar hilos, que se puede ver empleado en la confección de individuales, chales, hamacas y hasta cubre lechos.
La gerente de esta empresa, Estela Ruiz se unió a la causa de la Fundación tras años de haber trabajado con mujeres que viven de este oficio aun ejerciéndolo desde sus hogares. Ella les facilita el material y las capacita, para que una vez que adquieran la habilidad entren a hacer parte de su microempresa que en la actualidad cuenta con un poco más de 40 mujeres.
“La gente no puede pretender que todo sea regalado. Uno tiene que aprender a decir yo soy capaz. Ya hay seis mujeres de la fundación que están haciendo trabajo desde sus hogares, cuando lo tienen listo lo traen y se les paga”.
Estela aprendió este arte desde su niñez en su tierra natal, Boyacá, cuando tenía 10 años. Hoy, muchos después como ella bien lo dice, sus productos están en Canadá, Panamá, Reino Unido y Alemania, donde los consumidores pagan hasta 70 dólares por una hamaca.
“Mi satisfacción no está en remuneración económica, porque finalmente son los comercializadores los que se quedan con su buena tajada. A mí me basta con generar un plato de comida diario para 200 familias, que es el número de mujeres que quiero vincular a corto plazo”, añade Estela. 
Por su parte, Doris Ladino quien es la Vicepresidenta de la Fundación sostiene que están buscando contactos en Florida, Estados Unidos, para que la microempresa se extienda, así como vienen extendiéndose las aspiraciones de estas madres que ya pueden tejer más que sueños.

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