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Atletas de la carrera armamentista

Lunes, 11-19-2007, 9:12:10 pm

Las estadísticas son absolutamente dicientes: La dimensión de los gastos militares es tan grande que se estima que en el mundo, los países destinan por minuto a este rubro un millón de dólares; esto es un promedio de 550.000 millones anuales lo que representa casi el 10% del PNB mundial. Aún cuando hay países subdesarrollados, como Argentina y Colombia, cuyos gastos en Investigación y Desarrollo no alcanzan ni el 1% de sus respectivos PIB, desde la Segunda Guerra Mundial una cifra cercana al 40% del PIB mundial se destina a IyD con fines guerreristas, sector que cuenta con el 25% de los ingenieros científicos del globo terráqueo. Más de 60 millones de personas (casi dos veces la población de Argentina) trabajan en actividades militares, y dentro de ellas las fuerzas armadas en servicio aportan cerca de 22 millones de empleados. Los recursos destinados a la investigación médica constituyen tan solo un 20% de los dedicados a la militar y por eso no es sorprendente que la lucha contra el Paludismo que le cuesta a la OMS cerca de 450 millones de dólares, carezca de recursos, mientras ese valor se invierte en solo la tercera parte de la construcción de un submarino nuclear.

El SIPRI, Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo, publicó recientemente unas cifras relativas a la expansión del gasto militar desde el año 1988 hasta el 2006, calculando para este último una cifra cercana a los 1.200 billones de dólares, número que solo se alcanzó durante la época de la guerra fría.

En un mundo en el que persisten los conflictos armados (21 según la ONU), heredados de esas viejas tensiones Este-Oeste que han marcado una clara brecha entre países desarrollados y del Tercer Mundo, pero que también han tejido toda una seria de alianzas en la que los primeros dotan de armamentos a los segundos, también se estima que el 75% del comercio de armas importantes como tanques, misiles, buques y aviones tiene como destino precisamente los países subdesarrollados.

Para citar un ejemplo situado en la región, Venezuela compró a Rusia sólo en los últimos dos años, 53 helicópteros, 100.000 fusiles Kalashnikok AK-103, y 24 aviones cazas Sukhoi-30, siendo los más recientes anuncios del Presidente Hugo Chávez la adquisición de submarinos y rifles francotiradores. El gobierno de Inacio Lula Da Silva, por su parte, además de duplicar su gasto militar en 2008, planea adquirir a Rusia tecnología de inteligencia y un submarino nuclear. No cabe duda que ambos compiten por el liderazgo en la región, pero ellos prefieren no hablar de una carrera armamentista, aunque haya focos de posibles conflictos, marcados incluso por la guerra colombiana que sus vecinos limítrofes (particularmente Ecuador) temen que se extienda. Ninguno quiere mostrarse como formalmente inscrito en la maratón, pero todos compiten por la presea dorada, la del poder, que como bien señalaba Hedley Bull en su tesis de « La Sociedad Anárquica », es precisamente « la demostración de fuerza ».   

Chile por su parte ya ha comprado 30 aviones cazas F-16, 12 a Estados Unidos y el resto a Holanda, país europeo que también le vendió cuatro fragatas marinas. Gran Bretaña puso su cuota en el país del atlántico sur con la venta de ocho submarinos y cuatro fragatas más, mientras que con Alemania comerció nada menos que 100 tanques Leopard de 60 toneladas, aquellos concebidos por los germanos para guerras biológicas y submarinas. Tales adquisiciones mantienen en alerta a Perú, país con el que Chile mantiene un diferendo marítimo en el extremo norte, donde además de concentrarse una fuerte e importante industria pesquera, Bolivia entraría en el conflicto pues es precisamente en esta zona donde el gobierno de Evo Morales ha reclamado su sueño eterno de salida al Pacífico. Tres atletas más.

Todo este intercambio comercial entre países ricos y pobres, que por supuesto en muchas ocasiones incluyen no solo compras legales sino también el tráfico de armas en el que participan las milicias locales (el segundo negocio ilegal en el mundo después del de las drogas) se da en un contexto en el que Francia, China, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se reúnen periódicamente para revisar el código de conducta común en materia de exportación de armamentos y el inventario del comercio bélico.

Sin embargo, lo que resulta paradójico de estos competidores primer mundistas es que para nadie es un secreto que son ellos los que sumados, exportan más del 80% de armas convencionales al Tercer mundo y que incluso para Estados Unidos y Rusia estas exportaciones han sido determinantes para mejorar su crisis de balanza de pagos. Según el SIPRI USA gastó en 2006 en este rubro $528.7 billones de dólares mientras Rusia auque superado por China $188.2 e India $114.3) gastó 82.8 billones. Sólo los cuatro países mencionados más el Reino Unido $51.4 billones, gastaron el año pasado, un total de $965.5 billones de dólares. Contrario al Decenio del Desarme que la ONU proclamó en 1969, el gasto militar que incluye el mantenimiento de arsenal nuclear, sigue generando una interminable serie de conflictos en áreas de tensión que fuera de Latinoamérica se extienden en la zona roja de los bautizados por George Bush, países del Eje del Mal (Iraq, Irán, Corea del Norte, Libia, Siria y Cuba). No en vano el presidente americano quiere desplegar misiles antibalísticos en Polonia por el temor de que Rusia se rearme junto a sus enemigos.

Un elemento más se suma a este panorama tan desolador: los ejércitos son importantes consumidores de una variedad de recursos no renovables y de reservas energéticas, al punto que se calcula que entre 700 y 750 millones de barriles anuales de hidrocarburos líquidos se destina a equiparlos. Una realidad que explica por qué los colosos enemigos desde la guerra fría estuvieron siempre en pos de controlar las fuentes petrolíferas: la guerra del golfo y la de Iraq tienen como telón de fondo la “sed” por los yacimientos que pululan en sus terrenos. Por supuesto esta es otra carrera, en la que aunque parecen competir los mismos atletas, un nuevo actor, la OPEP, seguramente definirá si el premio mayor podrá superar el costo de Us$100 por barril.

Este es el mundo del siglo XXI en el que muy seguramente y pese al espíritu de su Carta, la ONU tendrá que sumar siquiera dos cifras al número de conflictos que se desatarán. A menos que los líderes de los países que encabezan la brecha en su versión más próspera, entiendan que es más importante enfrentar el paludismo en África que desarrollar una ojiva nuclear.   

Comentarios

Mercedes @ Cuba Linda, el blog de Mercedes Hernández dice ...
Lo peor de todo es que no hay intensión de deterner esa carrera cuya finalidad es la destrucción y la muerte.La humanidad lo que necesita hoy es vida, salud, alimentos, educación, paz y no más armamentos ni guerras. Sensatez y de amor necesitamos.

Antonio @ Tangarifismos dice ...
Y cuando uno dice los países, uno realmente dice, los que dirigen los países ¿No?

nico dice ...
Muy bueno Jenny! Este blog es muy interesante. Genial!

nico dice ...
Muy bueno Jenny! Este blog es realmente muy interesante...

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