Fuera de lugar
Estrategias para atrapar reclutas
Sábado, 10-20-2007, 10:19:14 pm
Marketing castrense
“El Ejército no es un programa de entrenamiento de trabajo… el objetivo del ejército es luchar y ganar guerras…” Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos.
De lo que se trata es de hacer atractiva la profesión del soldado. Potentes planes de comunicación, estrategias de marketing, modernas tecnologías y sutiles formas de manipulación, son las herramientas con las que cuentan los reclutadores de hoy en día, para ganar adeptos para sus ejércitos. Sobre todo, en los países donde no existe el servicio militar obligatorio.
Aunque las estrategias varían de nación a nación, en una cosa sí coinciden todos: hay ofrecer el ingreso a las Fuerzas Armadas como una nueva vida con incontables garantías.
“El lema que estamos usando ahora es: “Comience a vivir de verdad”, porque es una nueva experiencia. El hecho de prestar servicio en las fuerzas militares da acceso a un salario, servicios médicos, vivienda; acceso a los clubes del Ejército”, sostiene el Coronel Gilberto Antonio Solarte, encargado de la V Zona de Reclutamiento de Colombia. La estrategia del ejército nacional es sensibilizar a los potenciales soldados y a la población civil con lemas como “96 años incorporando lo mejor del talento humano”.
“A ese joven le decimos que hay que ponerse la camiseta para poder ocupar los espacios que los terroristas han ocupado durante muchas décadas, suplantando a la autoridad legítima. Son más de 11.000 kilómetros de cancha, nosotros somos el equipo vencedor y le estamos dando la camiseta número 10 para que nos ayude a ganar”, dice.
Para ello el Ejército usa volantes, medios de comunicación y páginas Web con completa información sobre temas de interés como la adquisición de la tarjeta militar. “Hacemos visitas a diferentes instituciones de escolares, enseñándoles que al terrorista no se le gana mostrándole banderas blancas, sino dándole de baja en combate”, añade al Coronel Solarte.
En Colombia un soldado profesional gana un 60% por encima del salario mínimo, es decir $693.920, más el 25% de ingreso por prima de orden público.
Adicionalmente hace aportes para la caja promotora de vivienda militar, que al término de su servicio le garantiza un techo, y cotiza en salud, actuando como beneficiarios sus padres o su cónyuge.
Un bachiller por su parte, además de prerrogativas como salud, alimentación y vivienda, recibe en contraprestación cerca de $80.000 para gastos corrientes de higiene y aseo.
No obstante, la crítica que se extiende por la geografía nacional, e incluso mundial, es la de por qué los reclutas siempre tienen que buscarse en las clases bajas, hecho que en el país se evidencia con el programa de soldados campesinos.
“Hay que reformar radicalmente el servicio militar obligatorio para que las clases medias y altas también pongan su cuota de sacrificio. En Colombia se debe acabar con el esquema vigente en el que los ricos ponen la plata y los pobres ponen los muertos”, observó el analista Alfredo Rangel, cuando se puso en marcha ese programa.
El Coronel Solarte sostiene al respecto que “los Soldados de Mi Pueblo han sido excelentes para volver a creer en el turismo regional” y que en el fondo “genera más muertos la violencia intrafamiliar que la guerra misma”.
Marketing estratégico
Aunque si se habla de estrategia, la de Estados Unidos es quizá una de las más poderosas en el mundo.
Solo este año el Ejército dispuso 6 mil millones de dólares en propaganda para atraer reclutas, y su meta estaba proyectada para 80.000 nuevos miembros del Ejército en servicio activo y de la Reserva.
No obstante, la resistencia a la guerra contra Iraq, hizo que la cifra terminara en 6.600 reclutas por debajo de su meta de 80.000 para el año fiscal que finalizó el 30 de septiembre.
“La gente tiene miedo de ingresar al ejército para morir en una guerra impopular. Es más, ahora los jóvenes desde las escuelas enfrentan a los reclutadores, organizando protestas y echándolos de las universidades”, asegura el analista mexicano Luciano Pascoe Rippey.
Alrededor de 160.000 tropas están ocupando Iraq y la cifra oficial de muertos norteamericanos es de 3.815, un número mayor al de las víctimas de los ataques terroristas a las torres gemelas.
Según un informe del diario The New York Times, desde julio, el Ejército ha estado ofreciendo a los potenciales reclutas incentivos de pago' de US$600 mensuales adicionales durante 36 meses si el recluta accede a unirse a alguna de las brigadas de la Primera División de Caballería o la División 25 de Infantería que están programadas para ser asignadas a Iraq o Afganistán.
También a los veteranos de esas guerras les ofrece comisiones de intermediarios para que entusiasmen a jóvenes en sus ciudades respectivas.
“Los reclutadores saben que la gente con menos oportunidades económicas son los que tienen más probabilidad de alistarse”, añade Rippey y es por eso que las estaciones de reclutamiento militar están dispersadas sobre todo en vecindarios de clase trabajadora y en áreas urbanas donde se enfoca predominantemente en la población negra y latina.
También lo hacen en Centros Educativos públicos de Puerto Rico, de donde han nacido organizaciones como la Alianza Puertorriqueña por la Paz y Universitarios por la Desmilitarización, que no quieren más visitas federales.
La promesa de la Ley del Soldado (GI Bill), que es la garantía de hasta US$50.000 para estudios universitarios, es el gancho perfecto, si se tiene en cuenta que el 33% de los hombres y mujeres se enlistan en el ejército para ayudar a financiar su educación.
No obstante, de acuerdo con la revista Democracy Now, en realidad, el 57% no recibe nada de este dinero, mientras el 23% recibe solo la mitad de la cantidad ofrecida.
“Mucho de lo que los reclutadores prometen está basado en exageración, mitad verdad y mentiras absolutas. Los reclutadores tienen que llenar cuotas y harán cualquier cosa para cumplirlas, especialmente durante tiempos de guerra”, asegura el analista mexicano Rippey.
“En las escuelas públicas los reclutadores también dan otras prebendas como comprarles a los chicos boletos para la fiesta de graduación, los invitan a sesiones de ejercicio, hacen juegos de guerra simulados y los invitan a cenar”, añade la publicación.
En el artículo citan además el caso del Sargento Thomas Kelt, quien reconoció que amenazó con arrestar a un recluta dejándole un mensaje en el celular que decía que de no presentarse, estaría violando la ley. “En virtud de la ley federal tienes una cita conmigo esta tarde a las 2 en punto en Greenpoint Mall, ¿de acuerdo? Si no te presentas habrá una orden de arresto. ¿Entendido?”.
Desde el cine
No obstante, métodos más masivos incluyen la industria del cine. El Pentágono tiene una oficina de relaciones que centraliza los contactos de la industria cinematográfica de Hollywood con las fuerzas armadas.
Según un informe de la Revista Española de Defensa, la colaboración entre productores y Ejército significa la utilización de los medios y del personal militar (lo que redunda en ahorros presupuestarios), a cambio de la supervisión y la subsiguiente censura de los guiones.
“En términos publicitarios, podría hablarse estrictamente de patrocinio cultural. Así, durante años, la industria cinematográfica, sobre todo el cine bélico, ha estado al servicio de la guerra. En ella hay dos figuras clave: el héroe y la patria”, asegura la publicación.
La Armada gringa, por su parte, tiene en el mercado un videojuego que promociona al Ejército y fomenta el reclutamiento de los jóvenes llamado ‘Conflicto Tormenta del Desierto II’, en el que sepresenta a la guerra limpia, sin bajas ni riesgos y a la tecnología como lo que separa al soldado del enemigo.
En la escuela
No muy distante está el Ejército español de estos métodos. Luego de encontrarse en 2002 en ‘números rojos’, optó por aumentar del 2% al 7% su cuota de extranjeros, aumentar los sueldos y rebajar las exigencias de acceso intelectuales y físicas.
Como no fue suficiente, en el 2004 se apuntó a la publicidad y destinó 18 millones de euros a la propaganda.
“Este dinero se destinó a equipos de información móviles para captar jóvenes en las provincias con más problemas de paro juvenil y precariedad laboral llevando traileres y música para amenizarles la charla. Comenzaron a hacer presencia en foros y ferias de empleo universitario e incluso patrocinaron la Selección Española de Baloncesto”, sostiene el académico español José Alcantara,
“Como ves, tenemos mucho en común. La Selección y las Fuerzas Armadas”, fue la propaganda.
Luego llegaron a los docentes a quienes el ejército facilitó material multimedia sobre defensa y seguridad y según la revista Española de Defensa, en algunos colegios se dictan cátedras castrenses a niños entre 6 y 10 años, que otorgan certificados como ‘desminador juvenil’ y enseñan a lanzarse en paracaídas y derribar carros de combate con un simulador.
“El lenguaje bélico es común en colegios y niños. Allá hacen jornadas al estilo de las que se hacen en Colombia de ‘Soldados por un día’, sólo que en población más chica”, relata Alcántara.
Y para no desperdiciar la tecnología, crearon el portal soldados.com, un atractivo interfaz para solicitar citas de ingreso a las Fuerzas Armadas que se vale también de un vídeo juego: Misión de Paz.
“Tras un conflicto armado, un país necesita ayuda. Una misión: Misión de Paz. Comienza tu misión”, es la sugestiva invitación.
En España el sueldo bruto inicial para un soldado es de cerca de 12.000 euros anuales, que pueden aumentar en función del destino y de la especialidad.
Reclutamiento forzado
En la mayoría de los Ejércitos del mundo los requisitos son los mismos. Además de ser nacional y tener entre 18 y 24 años, los reclutas pasan por exámenes físicos y psicológicos y terminan afiliados a la seguridad social y con promesa de vivienda a largo plazo.
No obstante, otras particulares formas de reclutamiento incluyen el fortalecimiento de los reservistas, tal y como lo hizo el presidente Hugo Chávez a través de la creación de ‘'Unidades de Defensa Popular’.
Allí sumó 50,000 efectivos, más que los 32.000 soldados regulares, reclutándolos de barrio en barrio, con el argumento de una potencial invasión de Estados Unidos a su país.
Unas formas menos convencionales que apelan al reclutamiento forzado eran las usadas por el ejercito israelí en los territorios ocupados por los palestinos. Allí se aplicaba el toque de queda y quienes salieran de sus casas, debían alistarse en el Ejército.
Finalmente están los terroristas islámicos que a través de Internet buscan reclutar adeptos, llegando a desplazar incluso las tradicionales televisoras iraquíes.
Agrupaciones como Ejército Islámico en Iraq o Monoteísmo y Guerra Santa, utilizan ahora páginas Web ‘islámicas’ para informar de sus actividades o difundir grabaciones en las que se puede ver desde ataques contra vehículos y bases militares hasta la decapitación en directo de rehenes civiles.
“Lo malo es manipular el concepto del honor, la patria y los sueños personales. Cualquiera puede tener el derecho a querer ser soldado, pero teniendo claro que lo hace para estar en la guerra”, puntualiza Rippey.
Algunos slogans
Con conceptos como estabilidad laboral, educación, aventura, seguridad, heroísmo, modernización y tecnología, los reclutadores lanzan campañas llenas de contenido persuasivo. Algunos slogans de Estados Unidos, España y Colombia.
“La mejor oportunidad para recibir formación y especializarte mientras trabajas”
“Hay otros trabajos, pero no se viven como este”
“Saber que tienes la tecnología más moderna a tu alcance”
“Aprender a pie de pista. Sentir el viento, las olas y el sonido de las turbinas al despegar”
“No esperes a que te lo cuenten, vívelo”
“Te daremos hasta 70,000 dólares para la universidad.”
“No tendrás que ir a Iraq. Tu servicio solo durará cuatro años.”
“Comience a vivir de verdad”




