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La existencia oculta tras el ‘jiyahd’

Lunes, 10-08-2007, 11:39:28 pm

            Usted seguro las ha visto en las primeras planas de los periódicos o en las imágenes de televisión, cubiertas de pies a cabeza. Quizá de ellas conozca someramente sus rostros o algunas de las prohibiciones que tienen por ser mujeres practicantes del islamismo. Pero se ha preguntado ¿cómo viven las musulmanas en los países del medio oriente?
            Cuando el ingeniero Samuel Salvador* llegó a la ciudad de Santa Madinah en Arabia Saudita, la misma donde se encuentran los restos del profeta Mahoma, con la misión de trabajar en la ampliación de un acueducto, no se encontró con una sola mujer.
            Había visto un par de ellas en el aeropuerto de Yeddah, vestidas de negro de pies a cabeza y como deslizándose afanosamente entre la gente, siempre acompañadas de un hombre que en vez de escoltarlas, parecía guiarlas.
            Tras veinte horas de vuelo desde Colombia, Samuel acababa de pisar una de las tierras del Islam, palabra que en árabe significa sumisión y obediencia. Llegaba en pleno verano de agosto, cuando el sol pega en el rostro como una llama ardiente y el terreno desértico se extiende como una sorpresa visual.
            Era desértico, por supuesto aún más de mujeres, que lentamente fueron apareciendo ante sus ojos en las zonas comerciales, atiborrando los almacenes de joyas, de las que son fieles compradoras.
            “En todo momento las vi acompañadas de un familiar varón, porque no pueden salir solas a la calle. Se ven grupos de cinco o seis mujeres a veces con un hermano menor, o la madre con su hijo varón. Como tal no tienen una identidad independiente, sino que están ligadas a su padre o esposo”, dice Samuel, quien durante un año apenas pudo ver el rostro de tres de ellas.
            “Una en un parqueadero de un restaurante cuando se estaba arreglando el velo, otra que se descubrió la cara en una joyería pensando que yo era árabe y cuando se dio cuenta que no lo era se asustó mucho. Y otra más en vuelo de Egipto a Yeddah, cuando sirvieron la comida y le tocó descubrirse un poco para poder comer. (...) Cuando ellas entran a territorio aéreo árabe, van al baño y salen cambiadas”.
            Es más, Samuel no recuerda haber hablado con ninguna mujer durante su estadía en oriente medio.
            Y es que en estos territorios, aunque las leyes varían de país a país fruto de las distintas interpretaciones del Corán, el libro sagrado de la religión musulmana, las leyes consuetudinarias y varios códigos jurídicos, el sexo femenino vive bajo estrictos mandatos que para unos son represión y para otras son un disposición de Alá.
            “El Profeta reivindicó a la mujer y esa fue una de las cosas que más escandalizó de sus enseñanzas, que la tratase como hermana y compañera (...) Si reducimos el Islam a las imágenes de Argelia o Afganistán que nos muestra la televisión, no hay explicación para todos los occidentales que nos hemos hecho musulmanes”, sostuvo Mam Jara, una de las fundadoras de la asociación española Insha Allah, que significa ‘Si Alá quiere’, en una entrevista concedida a la agencia Efe.
            Estas lecturas difieren por ejemplo de hechos como el uso del velo que en Arabia Saudita las obliga a cubrirse con paños y echarpes negros porque si no lo hacen, van a una prisión religiosa, mientras en países como Turquía pueden escoger si lo usan o no sin temor a ser castigadas.
            “Desde que se desarrollan, aproximadamente a los 12 años, comienzan a usar velo. Emplean de tres tipos, uno que cubre completamente la cara y sólo deja al descubierto los ojos, otro que cubre la parte posterior de la cabeza o sea el cabello y un tercero que los cubre a los dos, el cual se levanta sólo para dejar ver los ojos o en caso de que ellas requieran ver cosas en detalle. Adicionalmente, usan guantes para cubrir las manos; debajo del vestido tienen ropa occidental de todas formas de carácter muy reservado (...) Es más, cuando se bañan en el mar -casi nunca-, usan el vestido negro y entran al agua levantándolo a la altura de la rodilla”, agrega Samuel, quien aprendió mucho de una cultura que respeta, aunque a su juicio, sólo cree en la palabra escrita.
 
¿Iguales?
            Los árabes, por su parte, siguen el Corán al pie de la letra porque “una mujer no tiene que exhibir su cuerpo al hombre ni provocarlo. Sólo cuando esté a solas con su marido. No puede coquetear ni con el cabello. Hay que enseñarles a usar el jiyahd (el velo islámico) porque es su propio deber respetarse”, asegura Hassan Taha Ismail, un libanés dueño de un negocio de telas en Bucaramanga hace un poco más de ocho años.  
            Natural de uno de los países más democráticos y pluriculturales de oriente medio (en el Líbano buena parte de la población es católica o protestante), Hassan hace parte de una comunidad de cerca de 50 árabes que en la ciudad trata de mantener sus costumbres, asistiendo a una mezquita todos los viernes, rezando sus cinco oraciones diarias y preparándose para el Ramadán, el mes del ayuno que comenzó precisamente el viernes último.
            Esta temporada que entienden como un mandato de Dios para purificar sus almas, sólo puede ser obviada por las mujeres embarazadas o aquellas que estén menstruando. De hecho, la regla en las mujeres no sólo les prohibe orar, sino tener relaciones sexuales o tocar libros sagrados.
            “El Islam le da los mismos derechos a las mujeres que a los hombres. Pueden trabajar si lo desean pero ellas están hechas para atender el hogar y así se liberan de responsabilidades económicas. Esa es una de las razones por la que los hombres reciben mayor parte en las herencias, para que puedan mantener a una familia”, añade Hassan, quien está casado con una santandereana, Enay Johanna Peña, mujer de formación católica que se convirtió al Islam cuando lo conoció.
            Ese ‘poderío’ económico es el que les permite tener hasta cuatro matrimonios, según lo explica el propio Hassan “porque la población femenina es mayor y estadísticamente se ha comprobado que a cada hombre le corresponden nueve mujeres. La guerra ha dejado muchas viudas y el Islam nos enseña a formar otros hogares para no desampararlas siempre y cuando con todas el trato sea igual y tengan las mismas cosas”.
            Enay por su parte, quien casualmente fue bautizada sin saberlo con un nombre árabe que significa ‘mis ojos’, ha viajado en más de una ocasión al Líbano y sostiene que la situación de las mujeres no es como la pinta occidente.
            “Me parece que tienen más libertad porque se ayudan entre unas y otras, no hay madres solteras, se visten decorosamente y en sus casas pueden estar como quieran siempre que no haya visita. El Corán tiene enseñanzas muy bonitas y acaba con el libertinaje y el adulterio”.
            Enay es una hermosa mujer de 30 años, madre de dos hijos quien no está obligada a usar el jiyahd principalmente porque en la sociedad colombiana “la gente se burla porque dice que es un disfraz. A ella le gustaría hacerlo en todo momento pero por ahora lo reservamos para los días de oración en la mezquita”, anota Hassan.
 
Apedreadas
            No obstante, lo que para unos son preceptos religiosos, para otros es una clara violación de derechos fundamentales.
            Según amnistía internacional, en la década de los 90, 28 mujeres fueron ejecutadas en Arabia Saudita por asesinar a sus esposos, algunas veces con complicidad de sus hijos, en respuesta a maltratos o matrimonios obligados.
            “En mi estadía sólo vi un árabe saudita con su esposa de la mano hablándole en forma cariñosa, porque por lo general ella siempre camina unos metros atrás del hombre en una actitud de humildad”, asegura Samuel.
            La pena mayor para una mujer es el apedreamiento, que consiste en enterrarla hasta el cuello y luego matarla a pedradas entre varios hombres. Este castigo le es impartido cuando comete adulterio.
            “Que yo sepa solamente se ha hecho una vez en la historia del Corán y eso sirvió de ejemplo para que otras mujeres no cometan adulterio. En el Islam no existe cárcel porque estos castigos son los que dejan escarmientos. A veces son latigazos o por ejemplo a un ladrón se le corta la mano. Obviamente en todos los casos hay un juicio”, argumenta por su parte Alí Sogby, otro comerciante libanés, para quien es claro que las leyes de Alá le dan a la mujer un lugar privilegiado porque siempre está protegida por el hombre.
           
Los extranjeros
            Esta monarquía absolutista de Arabia Saudita, se extiende a situaciones de la vida cotidiana de las que el colombiano Genaro Cubides* fue testigo durante los dos años y medio que duró trabajando para una empresa de ingeniería y construcción.
            Genaro, con una visión más occidental, explica que en el país oriental hay una especie de comercio con las mujeres.
            “Los más jóvenes se ven obligados a casarse con mujeres musulmanas más ‘baratas’ y comprar egipcias o libanesas o de países cercanos que son musulmanas pero no de casta Saudita. Por un buen pedigrí, los hombres pagan un monto superior a los U$20.000 al padre de su futura esposa. A ellas se les llena de joyas de oro y por eso viven con cadenas y anillos lujosos”, relata.
            Este contrato ‘nupcial’, para los extranjeros, es una especie de ‘prostitución enmascarada’, pues a ellos se les asigna una mujer para que tengan relaciones. “La compras por un tiempo y usas por el periodo de tu contrato de trabajo, luego un divorcio y listo. Conocí por terceros el caso de un yemení que ofrecía a su hija para prestar ese tipo de servicio a occidentales. También escuché de casos de mujeres filipinas que ofrecían casarse con un occidental por un termino de un año, a cambio de una “módica” mensualidad y cumplir con los deberes conyugales”.
            Haciendo ese ‘negocio’ es la única forma de que los visitantes tengan contacto con una mujer: a los foráneos no les permiten dirigirle la palabra a una musulmana en la calle.
            El diálogo lo pueden entablar con otras mujeres occidentales que acompañan a sus esposos, quienes tampoco pueden salir solas, deben cubrir sus vestimentas con batas negras y no poseen documentos pues sólo les es permitido identificarse con una foto registrada en la libreta de su cónyuge.
            “Para un soltero las restricciones son bastante grandes. La forma de divertirse era salir a las playas alejadas de la ciudad a bucear o hacer snorkel, jugar tenis o squash o fútbol”, asevera Genaro.
            Es tal la exclusión, que hasta en los restaurantes hay zonas separadas para familias y para solteros. No hay teatros, no hay discotecas y el trago está prohibido. Todos los negocios son atendidos por hombres.
            “Según tuve noticia, en las bodas también hombres y mujeres celebran por separado; las mujeres se descubren luciendo sus mejores galas ante las demás mujeres y una vez terminada la reunión vuelven otra vez a cubrirse”, cuenta Genaro.
 
Impuras
            Esta cruda realidad se evidencia en otras cifras que tocan hasta las esferas laborales de la vidas musulmanas. Según Amnistía Internacional, en los últimos años las mujeres representan el 55% por ciento de los titulados universitarios, pero la tradición les prohibe ocupar cargos en Ministerios o dirigir negocios.
            “Muy pocas tienen empleos profesionales. Pueden ser profesoras o médicas, pero yo no vi a ninguna árabe saudí desempeñando esa labor”, subraya Samuel.
                Sin ir muy lejos, el Comité General para Elecciones Municipales de Arabia Saudita contempla que las mujeres no pueden ser candidatas ni votar en las elecciones municipales.
                “Recuerdo que una vez quise entrar a una mezquita para verla por dentro y tener mas contacto con la religión, y un musulmán me indicó que debía lavarme porque en la calle podría haber rozado a una mujer. (...) Los policías religiosos le indicaron a unos árabes que se alejaran de nosotros porque podríamos influenciarlos y en otra ocasión nos retiraron de un valle donde se veían muchas mujeres. (...) Pienso que es una sociedad muy inocente quizá por el aislamiento en que viven. Pero eso sí son verticales e intransigentes”, puntualiza Samuel.
Y creyentes, porque sin lugar a dudas, la forma como interpretan y llevan su vida los musulmanes obedece a una palabra: Alá.
 
* Nombres cambiados a petición de los entrevistados
 
 
Otras vejaciones
            * En los países del medio oriente, a las mujeres no se les permite conducir carros, viajar solas o representarse a sí mismas en los tribunales y otras instancias oficiales sin un “tutor”.
            * Una mujer embarazada no puede dar a luz en un hospital sin que esté presente un miembro masculino de su familia.
            * En Dubai, las autoridades islámicas saudíes prohibieron el uso de teléfonos móviles con cámara incorporada, por su utilización con fines considerados indecentes, tras detectarse su empleo para fotografiar a mujeres con el rostro descubierto.
            * Un sondeo que se realizó en 1993 entre la población femenina sobre la tradición de llegar virgen al matrimonio, arrojaba un pasmoso 87% a favor. un 60% concibe la actividad sexual como un deber impuesto por la sociedad y la religión. por eso las jóvenes que practican el sexo antes del matrimonio -que las hay- tienen el recurso de acudir al cirujano. En Túnez como en Marruecos, Argelia, etc. hay médicos que cobran sumas exorbitantes por dejar un himen como nuevo para que el hombre las acepte como esposas.
            * Aún en la actualidad se hacen circuncisiones en países del norte de África.
            * Según cifras de la Unesco, cinco millones de niñas de 19 países musulmanes no asisten a la escuela y sólo en cinco de los países analizados – los territorios autónomos palestinos, Bahrein, Jordania, Líbano y los Emiratos Árabes Unidos- se ha logrado equidad en el ingreso de niños y niñas menores de 14 años de edad a la educación básica (primaria y secundaria).
            * 600 millones de mujeres en más de 50 países viven bajo las leyes islámicas y cada vez aparecen más organizaciones de defensa de sus derechos. Éstas tienen mayor nivel de aceptación en Túnez y Egipto y a mucha distancia en países como Jordania, Siria o los del golfo pérsico, donde el movimiento feminista todavía está naciendo, según datos del “centro de la nueva mujer” en Egipto.
        * Según el periódico Al-Madina, en junio pasado se adoptó en Arabia Saudita la recomendación de un informe firmado por 150 mujeres para establecer tribunales para asuntos domésticos, en los cuales las mujeres puedan ejercer de juezas. Una de las propuestas más llamativas es la creación de una casa-refugio para mujeres víctimas de la violencia doméstica, que va en aumento.
 
Los castigos del ‘Corán’
            *A mediados de marzo de 2002, salió a la luz la condena a morir lapidada de una mujer nigeriana, Safiya Hussaini, que habría quedado embarazada tras divorciarse de su anterior marido. la brutalidad del castigo para esta mujer contrastaba de forma flagrante con la impunidad que recibía el ex marido.
            * En los 80’s se conoció el caso de tres feministas arrestadas y encarceladas sin juicio, mantenidas incomunicadas durante siete meses en Argelia por haber discutido con otras mujeres el proyecto de ley conocido como "código de familia".
            * También por esa época se conoció la historia de una mujer embarazada en Abú Dhabi acusada de adulterio y condenada a ser lapidada después de que naciera su hijo y lo alimentara durante dos meses.
            * Posteriormente el mundo se conmovió con la situación de las “madres de Argelia” privadas por ley, del derecho de custodia de sus hijos tras el divorcio, obligándolas a separarse de ellos.
            * En febrero del presente año, hubo un enorme revuelo en Francia porque la asamblea nacional aprobó por abrumadora mayoría una ley que prohibía portar símbolos religiosos en las escuelas públicas, léase kipás (gorritos judíos), crucifijos de gran tamaño y los velos de las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza. Este hecho no solo provocó numerosas protestas sino el secuestro de dos ciudadanas francesas en Iraq.
 
Fuente: Mujeres viviendo bajo las leyes musulmanas

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