Fuera de lugar
¿Es posible negociar con terroristas?
Domingo, 09-30-2007, 10:08:40 pm

Nunca negociemos por miedo, pero no tengamos miedo de negociar.
J. F. Kennedy
J. F. Kennedy
Aunque son cientos los casos en que las organizaciones terroristas han usado a los rehenes como mecanismo de negociación frente a otros gobiernos o frente al mismo contra el que se alzaron en armas, hay tomas de cautivos masivas que tienen cierta recordación por su espectacularidad. Hace tres años 433 niños murieron en Beslán mientras 179 civiles eran asesinados en Moscú, en medio de operaciones de rescate a rehenes tomados por comandos separatistas chechenos. En ese momento el gobierno ruso del presidente Vladimir Putin, fue duramente cuestionado, y con razón, por el uso de la fuerza sin aparente planeación.
Ya en Colombia se vivió una situación similar con la toma al Palacio de Justicia en 1985, en la que más de un centenar de civiles, entre ellos 11 magistrados, perdieron la vida durante el gobierno de Belisario Betancourt, en medio de los combates suscitados por el asalto del M-19 al lugar y la acción de la fuerza pública para repelerlos. Muchos hechos de violencia se desencadenaron después en el país. ¿Cómo ceder a las pretensiones, con un talón de Aquiles tan delicado como es la toma de rehenes?
Para el analista mexicano Luciano Pascoe Rippey, el problema de cómo negociar con el terrorismo en estas situaciones, es un algoritmo no resuelto.
“Las evidencias de esto son nítidas: los que han optado por el enfrentamiento frontal y militar no han dejado de ser víctimas de estos ataques o de sus consecuencias y los que han negociado tampoco han resuelto su problemática central (...) El caso de ETA, de Chechenia, de Iraq, de Al Qaeda, son ejemplos cristalinos de la ineficacia de nuestros métodos, pero también de los de ellos”.
Por eso Pascoe se atreve a decir que la manera de actuar del Estado frente a las situaciones en las que hay rehenes de por medio “depende de las demandas y del perfil del grupo secuestrador. Existen grupos que realizan acciones para obtener resultados concretos: liberaciones, intercambios de presos, dinero, etc. Estos pueden ser llevados a un término de solución sin sangre, en los que habitualmente el Estado o el gobierno tienen que ceder. Sin embargo, en casos como el de Beslán, la cosa adquiere otros tintes. Solicitaban la solución en 15 minutos, de un conflicto que tiene más de 12 años”, agrega Rippey.
Tres clases de terroristas
Con él coincide el experto irlandés en negociación de conflictos Geoffrey Cory, para quien hay tres clases de terroristas, y es su accionar el que orienta la respuesta del gobierno.
“El tradicional y viejo estilo terrorista como el del IRA, que apunta solamente a instalaciones militares y cuyas víctimas civiles son según sus palabras, ‘accidentes’. Otra cosa sucede si estamos frente a terroristas preparados para plantar bombas en áreas civiles como los hoteles o los restaurantes, que son ‘blancos suaves’ y que no tienen ningún objetivo militar. O finalmente los terroristas suicidas, quienes no están interesados en la negociación porque han decidido dar la vida por la causa que defienden”.
En ese sentido, los objetivos tácticos –intereses de corto plazo- se pueden satisfacer mediante negociaciones, pero los estratégicos, -como la destrucción de los valores occidentales- son más difíciles de alcanzar.
A ello hay que sumarle el contexto del conflicto, que es precisamente el que le da el margen de maniobra a los negociadores, pero sobre todo dice mucho sobre la real voluntad de las partes.
Este es el punto clave para el español experto en terrorismo, Roberto Sancho Larrañaga, para quien la pregunta debe girar sobre si se quiere o no negociar.
“¿Siempre se quiere negociar con los terroristas? A veces el Estado no lo hace para no arriesgar el cimiento de su rentabilidad política. Chechenia es para los rusos como Iraq para los gringos y las Farc para Uribe. Contra ellos, los gobiernos mantienen un discurso de fuerza que lo pagan personas inocentes, y hay que entender que con la toma de rehenes, el grupo armado busca negociar. ¿Para qué se van a molestar en alimentar durante seis años a un secuestrado, si lo van a matar?”, reflexiona.
Negociar a la baja
¿Qué podría entonces hacer el Estado para reducir el impacto de víctimas civiles? Cuando se trata de un grupo extremista, la negociación debe ser a la baja.
“Se busca ir llevando al grupo secuestrador a peticiones más realistas e ir liberando a la mayor cantidad de civiles. Aunque lamentablemente, a menudo estos grupos tienden a regresar a sus posturas intransigentes y los eventos resultan en ‘storms’ como se dice en inglés, o tomas violentas. Y más con gobiernos intransigentes”, argumenta Rippey.
La figura del mediador, se convierte entonces en un punto clave porque finalmente son ellos quienes “se encargan de dar concesiones a los secuestradores para reducir al mínimo la pérdida de civiles y para que éstos tengan cosas básicas como pan y agua. Necesitan tener una línea segura de comunicación con el comandante del ejército y mostrar autoridad, de lo contrario pierden credibilidad con el secuestrador. Lo más importante es construir confianza apelando a los estándares internacionales de los convenios de Ginebra”, añade Cory.
En este aspecto, el Comité Internacional de la Cruz Roja es el que presta asistencia médica, psicológica y material a los rehenes, previo acuerdo entre las partes y en cumplimiento de su papel de intermediario neutral.
Vidas civiles: prioridad
En una cosa sí coinciden todos los consultados, y es en que el límite lo pone la conservación de las vidas humanas.
“Hay que entender que el tira y afloje lo dan las pretensiones, pero el pulso lo dan los secuestrados que no son más que una moneda de cambio. El problema es si el Estado entra a matar”, argumenta Arrañaga.
Y son los civiles la razón por la que el terrorismo no se puede derrotar por medios militares solamente. “El político tiene que procurar entender los impulsos que llevan al terrorista a situaciones extremas como la toma de rehenes; la negociación tiene que ocurrir a través de canales secretos y de lugares seguros y privados, porque allí tenemos la oportunidad de oír y entender por qué sus necesidades básicas no se están resolviendo”, añade Cory.
La pregunta final es si sólo los terroristas, que a todas luces están infringiendo una norma del Derecho Internacional Humanitario que prohíbe tajantemente la toma de rehenes, deben ser juzgados por estos actos, o también los Estados que acuden a fuerza para resolver la situación.
“Un juicio sólo puede suceder si hubiesen mecanismos y obligaciones de información pública, sobre las razones para usar la fuerza. Si Naciones Unidas no obliga al mundo a una racionalización de este debate, los costos serán enormes para el mundo y para la ONU”, explica Rippey.
Larrañaga concluye con otro cuestionamiento: “quizá la Corte Penal Internacional algún día pueda juzgar a alguien como Putin, pero para eso habrá que mirar si cometió crímenes de lesa humanidad. ¿Será que la muerte de cientos de infantes lo es?”.
Los puntos a resolver
Sí la situación se prolonga y se requiere el concurso de negociadores especializados en la administración de situaciones críticas, el responsable debe anunciar a los secuestradores que:
* Están rodeados por fuerzas policiales.
* Está en camino el Equipo Negociador en Situaciones Criticas, que es el único responsable de dialogar con ellos y tomar decisiones durante la etapa de la negociación.
* Cortar todas las vías de comunicación y dejar habilitada una única con los negociadores.
* Comenzar el diálogo una vez ser reciban detalladamente: Descripción física del lugar; armamento que tienen los terroristas; detalles sobre los rehenes: nombres, sexo, edades, inconvenientes de salud; composición y situación de las fuerzas policiales; bloqueos de acceso o de salida.
* En lo que tiene que ver con el comando que realiza el acto, debe conocer: detalles sobre los secuestradores; nombres, sexo, edades, inconvenientes de salud; sus demandas; amenazas realizadas; acciones ya desarrolladas; cómo se llegó a la toma de rehenes y las posibilidades de cumplir con las demandas.
* Otros datos importantes tienen que ver con la situación de los medios de tipo periodístico y la presencia de familiares o allegados de las víctimas y de los secuestradores, que están en las cercanías y la forma de poder contactarse con ellos.
Las tomas de rehenes más sangrientas en Rusia
* El 28 de julio de 1994, tres chechenos hicieron prisioneros a 41 pasajeros de un autobús en Stávropol y exigieron como rescate 15 millones de dólares. Cuando el autobús llegó al aeropuerto de la vecina Mineralnie Vodi, los terroristas obligaron a los rehenes a embarcarse en un avión. Al otro día el aparato fue asaltado por las fuerzas del orden, y los chechenos hirieron a 19 rehenes con una granada, cinco de los cuales murieron después.
* El 14 de junio de 1995 un comando de alrededor de 100 combatientes chechenos, encabezado por Shamil Basáyev, ocupó unos edificios en la ciudad de Budiónovsk, incluido el hospital local, secuestrando a casi 2.000 personas. Hubo 130 víctimas mortales entre los civiles, 18 bajas militares, 18 de la Policía y más de 400 heridos.
* El 9 de enero de 1996, 200 guerrilleros chechenos, liderados por Salmán Radúyev, asaltaron la ciudad daguestaní de Kizliar y se atrincheraron en el hospital con varios miles de rehenes. Al día siguiente, y con más de 200 rehenes, el comando partió hacia Chechenia pero las fuerzas rusas lo bloquearon en el poblado de Pervomáiskoye. Una semana después, Rusia bombardeó este poblado durante tres días, provocando 78 muertos y decenas de heridos.
* El 23 de octubre de 2002 un comando checheno integrado por 41 hombres y mujeres tomó como rehenes al millar de espectadores del musical 'Nord-Ost' en el teatro Dubrovka de Moscú. Pertrechados con gran cantidad de explosivos, los secuestradores amenazan con volar el teatro. El tercer día del secuestro, las fuerzas de seguridad lanzaron una operación de rescate en la que murieron no sólo los secuestradores, 32 hombres y 18 mujeres, sino también 129 rehenes, a consecuencia de un gas empleado en la acción.
En el mundo
* Septiembre de 1972. Seis días antes de finalizar los Juegos Olímpicos de Munich, ocho palestinos de la organización terrorista ‘Septiembre Negro’ entraron al pabellón 31 de la Villa Olímpica, sede de la delegación israelí. Sometieron a nueve rehenes y pidieron la liberación de 200 compatriotas prisioneros en Israel. Las autoridades alemanas intentan una acción armada mal planificada que deja un total de 18 muertos entre rehenes y terroristas y policías.
* Noviembre 6 de 1985. El grupo subversivo M-19 de Colombia, en represalia por el asesinato de uno de los líderes guerrilleros, Carlos Toledo Plata, logra entrar y tomar el Palacio de Justicia de Bogotá. Con armas automáticas, granadas, lanzacohetes y explosivos retuvieron a cerca de 300 civiles entre magistrados, empleados y público, durante más de 28 horas. El gobierno intenta un rescate armado que permite liberar 215 personas, pero deja como saldo más de un centenar de muertos entre los que se cuentan 11 de los 24 magistrados.
* Diciembre de 1996. Un comando del Movimiento Revolucionario Túpac Amarú penetró a la residencia del embajador de Japón en Lima, aprovechando un brindis en honor al cumpleaños del emperador nipón. Estaban presentes unas 600 personas. Después de la salida de ancianos, enfermos, mujeres y personal de la embajada, quedaron 72 rehenes, cautivos hasta abril del año siguiente. Las fuerzas especiales militares tomaron por asalto la embajada. Todos los miembros del MRTA resultaron muertos y un solo rehén perdió la vida.




