Fuera de lugar
Recetas occidentales
Jueves, 09-27-2007, 1:56:46 am
Pese a que el mundo viene hablando del fenómeno de la globalización desde la caída del muro de Berlín y que autores como Francis Fukuyama previeron entonces el fin de la ideología y la instauración de una democracia liberal y un Estado Homogéneo en todo el mundo, las brechas de carácter social, económico, político e incluso digital han aumentado considerablemente dejando sin piso la teoría y “la esperanza” de la Pax Americana. La idea de globalización como sinónimo de occidentalización, ampliamente refutada por Samuel Hungtinton en su tesis del choque de civilizaciones ,es en sus palabras “un eufemismo” para darle legitimidad a las acciones que reflejan los intereses de Estados Unidos.
Sin duda la universalización de ciertos postulados que defienden las ideas de occidente, ha provocado grandes desequilibrios políticos y regionales, exacerbando sentimientos nacionalistas: la receta de la democracia americana es totalmente incompatible con una sociedad como la islámica, tanto como las políticas monetarias del G8 los son con economías en desarrollo como las latinoamericanas. Las ventajas de la globalización han estado hasta ahora limitadas a un selecto grupo de naciones.
La imposición de modelos occidentales ha condicionado la independencia de ciertos países frente a organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial que pese a sus promesas de fomento al desarrollo, no han logrado regular el mercado respetando las idiosincrasias nacionales. El costo que han tenido que pagar las naciones chicas por entrar a la economía globalizante, pasa por un deterioro de sus propios mercados que ahora luchan por extensión de preferencias arancelarias, nuevos TLC´s y subsidios agrícolas como los debatidos en la Ronda de Doha. Las condiciones de negociación son realmente dispares en escenarios donde todavía países con grande potencial como China, India y Brasil, no tienen el peso que merecen a nivel internacional.
El caso de Brasil merece especial atención por su posición geográfica e impacto regional en Latinoamérica. Ahora con el desarrollo de biocombustibles le apuesta a fuentes alternativas de energía para cortar la dependencia del gas de su vecina Bolivia. Lo que pasa por alto con el uso, en principio, del etanol derivado de la caña de azúcar, es la cantidad de alimentos que dejan de llegar a las bocas de millones en el mundo para su producción. Pero aquí hay un tema álgido y es precisamente la energía: con países como Venezuela concentrando las mayores reservas de petróleo y una pugna tácita entre las dos naciones por encabezar el liderazgo en Suramérica con políticas de izquierda muy diferentes, la clave es la independencia. Y aunque Bolivia es un país chico, desde la nacionalización de hidrocarburos el gobierno del Presidente Hugo Chávez entró con PDVSA a apoyar este rubro, por lo que Brasil no quiere entrar en estas condiciones. No es coincidencia que Venezuela y Colombia hayan iniciado conjuntamente la construcción de un gasoducto transcaribeño en la Faja del Orinoco y que el principal destino de las ventas venezolanas de petróleo sea Estados Unidos. La riqueza de una nación tan polarizada, en donde innegablemente se está atendiendo la pobreza, radica en el negocio del combustible y los líderes políticos no lo desconocen.
Lo que tampoco desconocen en Suramérica son los poderosos beneficios de la integración y por eso Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, trabajan en la construcción de un gasoducto del Sur que en todo caso tardará por lo menos siete años lo que hace muy prematura su evaluación.
El escenario de interés por las reservas de los preciados combustibles se podría extrapolar al medio oriente y la consabida pugna en el golfo pérsico que dio origen a la invasión iraquí a Kuwait y ahora a la estadounidense a Iraq. Las razones siguen siendo geopolíticas aquí y allá, lo que hace que una adecuada distribución de la riqueza proveniente de estos recursos (hoy explotados en su mayoría por empresas extranjeras) se quede en los sueños de la Utopía de Tomas Moro.
Las agendas globales pautadas en el seno de la Organización de las Naciones Unidas llamaron la atención recientemente sobre dos temas definitorios: el calentamiento global y el fenómeno de migraciones como los grandes problemas del mundo. Aunque haya coincidencias en el pensamiento de la gravedad de estos sucesos, sin duda globales, los países que tienen en sus manos la mayor cuota de responsabilidad, no ajustan sus políticas para enfrentarlos. Los países industrializados no reducen sus emisiones de gases de efecto invernadero y en términos de políticas migratorias son ellos los que tienen una deuda pendiente con el respeto a los derechos humanos y sociales de esta población (Francia, USA). Sin ir muy lejos se está hablando de la construcción de un muro en la frontera de Estados Unidos con México para detener el paso de ilegales, mientras el tema de la regularización solo sufre reveses en el Congreso.
Es muy improbable que en un futuro inmediato las cosas cambien. Un proyecto de integración latinoamericana podría en buena medida frenar esa ola de recetas de occidente, pero aún hace falta encontrar la identidad política y social, si se tiene en cuenta que la integración supera el tema económico. El MERCOSUR es por ahora un proceso en incipiente construcción con una agenda disímil y dispersa. A la Unión Europea le costó 50 años y eso que tenían el objetivo de reconstruir el continente después de la guerra. ¿Qué tan poderoso es nuestro objetivo?




