Fuera de lugar
El ventilador de Mancuso
Las versiones libres del líder paramilitar Salvatore Mancuso no sorprenden por el contenido sino por su procedencia. Que el paramilitarismo es una política de Estado, que los militares les entrenaban, que grandes empresas les financiaban y que sus hombres en el Congreso eran el enlace con el mundo legislativo…. Que los candidatos a gobernaciones se reunían con ellos, que los periodistas les entrevistaban, que varias necrosantas alianzas hicieron parte de sus políticas de exterminio… Todo lo que el país siempre ha sabido. Sorprende que lo diga Mancuso porque se había dedicado en sus primeras declaraciones a denunciar como copartícipes de sus masacres a militares muertos o ya vinculados procesalmente. Hoy vuelve a ser el centro de la agenda mediática al mencionar conocidos nombres como el de los generales Rito Alejo del Río, Martín Carreño e Iván Ramírez. Las empresas Postobón, Bavaria y la multinacional Chiquita Brand, que ya pagó en Estados Unidos una multa de 25 millones de dólares al Departamento de Justicia para evitarse el bochorno de un proceso judicial, tampoco se escaparon de sus señalamientos como financiadoras del movimiento paramilitar.
Y aunque sus declaraciones sean a todas luces lamentables, son verdades que las víctimas querían oir. En una conversación que tuve en el pasado reciente con Iván Cepeda, vocero del movimiento nacional de víctimas e hijo del senador Manuel Cepeda Vargas, -dirigente político del Partido Comunista que fue asesinado el 9 de agosto de 1994- su clara petición no eran reparaciones económicas y menos aún simbólicas. “El caso de mi padre ha dado tantos giros judiciales que capturan a unos, liberan a otros o los casos prescriben, Pero la solución real que nosotros pedimos es que se desmonte el aparato estatal y se debilite el poder de los victimarios que están en el Estado para que haya una garantía de no repetición. Eso no se ha dado“. Esa deuda parece acortarse con la captura de 12 congresistas y la apertura de investigación a 25 alcaldes de la costa en el escándalo llamado para-política, aunque los que faltan por vincular sean innumerable y al Estado le tome años, quizá décadas, limpiarse de tanta corrupción.
Por ahora solo unos pocos han ido reconociendo sus relaciones carnales con los líderes de autodefensas, mientras una buena parte las niega, No obstante es cierto que las declaraciones de un criminal se deben recibir con beneficio de inventario. Mancuso no tiene mucho que perder y en cambio sí a muchos a quienes enlodar. Pensando en la rebaja de pena que ya de por sí es vergonzosa (ocho años a lo máximo) tampoco sorprende tanto su repentina honestidad. Pero lo que si no oculta y concuerda con su cinismo es que en esta seguidilla de declaraciones se colen sus verdaderas intenciones de negociar con Estados Unidos el pedido de extradición contra el que no lo blinda la benévola Ley de Justicia y Paz.
Mancuso considera “injusto“ que tras purgar los ocho años de carcel en Itagüí (desde donde al parecer sus hombres siguen dando órdenes para el rearme del paramilitarismo según revelaciones de la Revista Semana), deba enfrentarse a tribunales de otros países como Italia y Estados Unidos. Le parece tan injusto a este sujeto señalado de innumerables crímenes de lesa humanidad que se da el lujo de contratar a los mejores penalistas americanos para que le permitan hacer una negociación fructifera con el país del norte ¿Se conocerán entonces las rutas del narcotráfico?, ¿Nombres de políticos inmersos en esta mafia?, ¿Ubicación de laboratorios? Con el ventilador de Mancuso no se sabe. No está exento de sorprender.




