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Un país de infarto

Jueves, 05-10-2007, 5:39:11 pm

El corazón de Colombia está tan roto que somos el país con una de las tasas más altas en cirugías cardiovasculares; a pesar de convertirnos en Estado laico después de la Constitución de 1991, seguimos entregados a la figura del Sagrado Corazón de Jesús rogándole que cure nuestros males; y tenemos un presidente que dice tener mano fuerte pero corazón grande, aunque sus políticas en realidad sigan desangrando al país. Abusando del apego a ese símbolo por el que amamos y odiamos con las misma intensidad, la campaña que en el exterior quiere darle identidad a los productos nacionales en el mercado, no podría valerse de otra marca que la de un corazón trás el que se lee “Colombia es pasión“.

“El símbolo del Corazón está situado en el corazón del mundo de los símbolos.”, famosa cita del filósofo metafísico francés René Guenón, es el punto de partida que junto a todas estas reflexiones tomó el cineasta colombiano Diego García Moreno para realizar un documental desde su corazón. Continuando con la recurrencia en su filmografía del uso de símbolos (“La arepa, el trompo y la corbata“, 1995. “La cama, la hamaca, la estera, la acera, y el ataúd”, 1998.), siempre supo que el ´mango´ como le decimos en Colombia al corazón, era un órgano digno de explotar y no pudo encontrar mejor oportunidad que una sensible historia que protagoniza su propuesta: Usaga, un soldado del Ejército Nacional pisa una mina antipersonal, y resulta herido por una esquirla que le queda incrustada en un ventrículo de su corazón. García Moreno se entera de la historia por su viejo amigo, el Doctor Francisco Gómez, director del equipo de cirugía cardiovascular del Hospital San Vicente de Paúl de la ciudad de Medellín, quien además precavidamente filmó la cirugía de corazón abierto que para ese año 2003, era la primera vez que se hacía en Colombia con todo el impacto médico y visual si se quiere, que significa detener el corazón un instante para luego bombearle vida. En este caso, para extraerle a Usaga el fragmento de hierro, huella de la guerra que hoy sólo quedo convertido en una cicatriz. El soldado sin duda recupera su vida al lado de su esposa y el hijo que espera, mientras intenta buscar una indemnización del Ejército que lo expulsa por su incapacidad. Durante su lucha, lamentablemente en vano, hace reflexiones sobre la guerra del país en la que dice haberse metido por “necesidad económica y no por convicción” y critíca soslayadamente la preparación de los soldados rasos, pobres y jóvenes, quienes terminan siendo la carne de cañón en este conflicto.

Por su parte el Dr. Gómez, a quien paradojicamente su esposa se le nferma del corazón, apunta a una de las frases más memorables de la cinta: “El corazón de Colombia está herido”, y aunque se enorgullece de dirigir uno de los equipos más especializados en el campo, sostiene que no deberia estar haciendo tantas operaciones: “Es una dolorosa situación: damos más prioridad a la reparación del daño y cada vez nos alejamos más del tratamiento de sus causas.”

Durante el filme, García Moreno expone variados usos metafóricos de este músculo vital para hablar del pulso de la sociedad en la que como bien dice “siempre se ha vivido en Guerra, por lo menos desde que yo nací“. Hijo del año 50 cuando ya la violencia entre liberales y conservadores se había desatado dos años atras, estuvo exiliado de corazón en París, estudiando desde 1977 en la Escuela Nacional de Cine Louis Lumière. De regreso al país se dedicó en un principio a la dirección de fotografía y a realizar variados documentales, tiempo que compartió con la docencia en la Universidad Nacional de Medellín, de donde es oriundo.

Fiel apostador del cine independiente, su película, que como el lector ya ha de adivinar no podría llamarse de otra forma que no fuera “El Corazón“, fue la única colombiana seleccionada para concursar en el BAFICI en la categoría Cine del Futuro, después de haber ganado en 2004 la segunda convocatoria del Fondo de Promoción Cinematográfica que le permitió llevar su proyecto a buen final en 2006. La recepción del público en Buenos Aires fue asombrosa en las tres proyecciones programadas. En una de ellas lo conocí y no podia dejar pasar la oportunidad de entrevistar a este interesante documentalista.

PREGUNTA: Como bien lo expone en su película el país usa diversos significados del corazón como símbolo, sin embargo el tema político tiene una crítica muy sutil.¿Qué piensa usted el discurso del Presidente Uribe de la mano fuerte, corazón grande?.

RESPUESTA: Creo que sin duda nos acerca a la guerra. Para mi Álvaro Uribe propone un corazón grande como un elemento demagógico en el sentido en que éste es un símbolo que se manipula para cualquier lado. Habla de corazón grande, pero lo que está haciendo es balas en un país que necesita conversar y establecer comunicación. Hubiera podido ser más duro en la película con Uribe, pero quería evidenciar los elementos con los cuales el corazón se maneja en Colombia. Por supuesto hay muchas cosas que pienso como Diego García, lector de una política en la que vivo. 

P: Ese manejo dio orígenes a simbolos como el de la campaña “Colombia es pasión”…

R: Sí, ese es un ejemplo claro de algo supremamente ambiguo. Supongo que ellos querian decir con “pasión”, póngale perrenque, póngale berraquera a la cosa, pero siento que recurrimos a una palabra que es también muy peligrosa, porque religiosamente nos lleva también a un desangre, que implica esa pasión en las concepciones cristianas.

P: Muchos crítican el tema recurrente de la violencia en las películas colombianas. ¿Por qué es importante que el cine no esconda la realidad?

R: No pienso que sea sólo por el tema de Colombia, sino que la función del arte desde siempre ha sido una eterna reflexión sobre la muerte y el amor. Por eso ha resultado maravilloso para mí estudiar los primeros poemas que crea la humanidad con los babilonios a partir del corazón; los textos sagrados de los egipcios eran en función del corazón; éste es un elemento que impulsa la vida pero que si falla trae la muerte. Nosotros a veces obnubilados por una situación política, no nos damos cuenta que ésto nos ha pasado a todos y le seguirá pasando a esta humanidad que lleva inserta la muerte. Resulta que Colombia en este momento está viviendo eso y se hacen unas prácticas insanas de atentar contra la vida, por eso a mi me parece más importante que ponerme a hablar de los pequeños riconcitos de la patria donde quedan cosas bonitas, como la clase media que vivimos muy bien, hablar del conjunto de nuestro cuerpo que tiene unas grandes gangrenas que no se pueden ignorar.

P: ¿Usted quiso hacer una película muy nacional o la temática del corazón, la acerca a un lenguage más universal?

R:Ésta es una película hecha para adentro. A mí me encantaría ir a todos los pueblos a todos los colegios y a todas las casas y mostrarla, que hablemos un ratito. No es una película de exportación aunque la recepción afuera ha sido buena. Después de ser seleccionada para un evento cinematográfico que se llama Doc BsAs, un festival especializado en el género del documental, me invitaron al BAFICI. Fue propuesta para esta categoría especial del Cine del Futuro porque tiene una estructura visual interesante, que se sale de la repetición del cliché del corazón y la política. No es la historia del soldado ni la de Colombia, es juntar una cantidad de cosas que permiten que ese corazoncito herido se vea y toque el corazón de los espectadores. Lo más lindo que veo es que funciona en todo público aunque no tengan un conflicto como el nuestro.

P: Esa recepción del público, también hace pensar que la construcción pasó por allí. ¿En qué medida le tocó el corazón a usted?

R: Yo me siento extenuado porque para hacer esta película me tocó pasar por una relación de corazón con todo el mundo, impresionante. Yo no soy periodista y tenía que ir más allá de la cinematografía. En cierto momento establecer una comunicación de pasión, respetando que todos son seres humanos que para mí hacían parte de la construcción de una información con respecto a nuestro corazón herido. Es muy fácil caer en el cliché con esta película y me encanta cuando la gente me dice que hubo respeto con la política y la religión y que no irrespeto a nadie, aunque no esté de acuerdo con muchos. Lo que hice fue una crítica que no cierra la comunicación, me interesa que se pueda hacer réplica que es lo que nos falta en Colombia, donde no hay derecho a la réplica.

P: ¿Y qué me dice de la recepción en Colombia?

R: Se ha visto muy poco. En el museo de Antioquia se presentó, luego en el Festival de Cine de Bogotá. Hice una presentación en la Facultad de Medicina porque los médicos la vieron a partir de la ética, tiene muchas lecturas. Quiero que salga en sala si es posible, pero entonces aparecen los problemas de distribución en las salas alternas. Lo que quiero es que si algún día se proyecta en televisión se haga con un debate serio, no como un relleno más. En alguna oportunidad se la mostré a un grupo de jóvenes de 15 años no te imaginas, lo bonito de sus reflexiones. Estos festivales le dan mucho peso y eso da un respaldo. Estuvimos, en Sao Paulo, Guadalajara y Europa, al lado de la buena producción cinematográfica y ¿no la vamos a ver en el país?. Hay que crear expectativa y en eso estamos.

P: Con la pasión con la que usted habla, se puede concluir que es uno de sus documentales que más le ha gustado. ¿Es así?

R: No es una película en la que yo me sienta mejor o peor cineasta que otro, ni creo que hay películas mejores o peores que ésta. Lo que pasa es que tiene una honestidad tan grande y una necesidad de mi vida en el sentido total de la palabra, que significó para mí un retorno después de convencer a mi esposa y a mi hijo de regresar trás una especie de exilio de corazón. Me sirve para mostrar que el sitio donde yo puedo trabajar y donde me toca vivir, está allí en Colombia. Entonces las competencias cinematográficas son increibles, pero no las persigo. Del putas sí me llegan a dar un peso para pagarles a todos los que no les he pagado...

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