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La dulce Cuba de una generación perdida

Miércoles, 04-25-2007, 11:30:02 pm

Camila Guzmán Urzúa vuelve a su Cuba no natal, pero no por ello menos sentida que una patria, de la que se exilió en los 90. Nacida en Chile de donde sufrió su primer destierro cuando el golpe militar de Augusto Pinochet derrocó a Salvador Allende en 1973 y se instauró la dictadura (tema recurrente en los excelentes documentales de su premiado y brillante padre Patricio Guzmán), fue recibida con su familia en la Habana en un apartamento amueblado en el barrio Altahabana y con todos los derechos ciudadanos que entonces se otorgaban a los perseguidos politicos. Esa infancia adoctrinada en la escuela primaria Antonio Maceo en la que su generación de ´Los Pioneros´ cantaba himnos al Ché Guevara y a Camilo Cienfuegos, el Héroe de Yagüajay, es el punto de partida de su espejo retrovisor con el que construye un documental sobre un pasado que añora, “un paraíso sin angustias ni violencia“, que sin duda no encontró al volver.

Cámara en mano nos lleva por los lugares derruidos y tristes que contrastan con lo que los ojos de su niñez, adolescencia y juventud vieron: Una Cuba Socialista que proveía las necesidades de todos (techo, trabajo, ropa, útiles escolares, comida, servicios), donde lo material no tenía importance, donde el proyecto del pueblo entero era la alfabetización y los niños ocupaban el 80% de su tiempo en aprender (ciencias, matemáticas, cerámica, repostería, canciones idealistas, trabajos varios y hasta a disparar para saber como defenderse de las potencias enemigas. “Nos creímos que seríamos los forjadores del futuro y el hombre que se había imaginado el Che”, aventura Camila en su relato.

Precisamente es junto a los testimonios de su generación con quienes reconstruye lo que llama la 'Epoca Dorada de Cuba, un tiempo sin preocupaciones en el que mamá y papá resolvían todo; una burbuja que se rompió tras la caída del Muro de Berlín, el derrumbe de la Unión Soviética y por ende de la economía cubana, y el comienzo del llamado ´Período Especial´.

Aunque ni en sus conducentes intervenciones en off, ni en la charla con el público se atreve a delinear ningún debate político en los términos en que desde el ámbito internacional se mira a Cuba (dictadura y embargo), su autocrítica es sin duda una mirada al interior de esa revolución que le vendió a los jovenes que hoy tienen 40 años, una estabilidad efímera que se desnudó con un bofetón, el día que se levantaron sin guaguas, cigarrillos, gasolina, ni luz. El día que “el telón de azúcar”, como se llama su filme, finalmente se corrió.

“Nadie era consciente de la gran dependencia que teníamos de la Union Sovietica y la caída del muro nos tomó desapercibidos. Se fue acabando la ilusión... la legalización del dólar trajo la desigualdad y las restricciones” asegura Camila quien para la época ya estaba en su segundo exilio en Francia, a donde se mudó con su padre.

Desde allí, en 1999 y con el guión ya escrito, comenzó a contactar a sus amigos que aún permanecían en Cuba y a los otros que como ella pudieron emigrar (se estima que se exiliaron para la época dos millones de cubanos), siendo los primeros una ínfima minoría que sin embargo se siente orgullosa de haberse quedado y aún cree en la revolución. Otros se apuntaron en el “bombo”, un sorteo que no es otra cosa que un mecanismo de inmigración entre Cuba y USA para minimizar los casos de los balseros, y que le permitía a las familias salir pero sólo con sus hijos menores, dejando a algunos mayores literalmente atrapados en La Habana.

“Ellos siempre fueron parte de la película porque compartieron la idea pero eran escépticos con la posibilidad de filmar. Al final no necesité más permisos que del Ministerio de Educación por las escuelas pero de resto trabajé de manera libre y sin presiones e incluso con el apoyo de la Escuela de San Antonio de los Baños”. Gracias a ese soporte, el de una beca que se ganó en París y el premio Cine en Construcción de San Sebastián, el rodaje se terminó y llegó al BAFICI, para salir de aquí airoso con el premio a la mejor película otorgado por el Jurado Fipresci (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica).

Como homenaje a sus protagonistas, una generación perdida, Camila cierra su honesto recorrido con una larga mención de los casi 50 compañeros suyos exiliados en todo el mundo. Allí aparecen algunos de los que están en Argentina y con sorpresa uno de ellos entre el público. Visiblemente conmovido le dice a esta prometedora cineasta: "gracias no sólo por nombrarme en la película sino por hacer algo que yo no pude: volver".

Comentarios

Mercedes @ Cuba Linda, el blog de Mercedes Hernández dice ...
Debe ser interesante esta pelicula "Telón de azúcar", pero aunque Camila no lo sabia aquí todos si sabiamos que Cuba dependendia extraordinariamente de la entonces URSS y del campo socialista. El CAME era el gran suministrador.Tampoco creo que hayan sido dos millones de personas los exiliados en esa época.¿ o quizás no entendi bien? Desde 1959, desde el primero de enero de ese año se van los cubanos de Cuba y hoy siguen emigrando.
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Pedro dice ...
El sentimiento de emigrado debe ser una carga muy fuerte apara ua persona que sufrio primero una dictadura feros y despues estar en un pueblo solidario y distante en la cultura chilena. quiza algunos nunca nos comprendan y otros traten hacerlo a traves de un primas manipulado. la realidad de un pais pobre con un rico tesoro humano puede ser donfundido y tambien manipulado. Saberse cada dia bajo la presion de quines nos quieren liquidar y tratar que sigamos siendo lo que somos incluso extendiendo la mano a aquello mas necesitados que nosotros puede que tampoco se entienda. solo hay que sufrir en carne propia para saber, meditar y ser solidario.
Como dice la camncion "no somos una sociedad perfercta" pero somos humanamente mejores que quien nos quieren liquidar.
Solo relatare ni un solo argumento en este sentido, se sobran saber que ua potencia que arrazo a Viet Nam, arraza a Irak y no a podido arrazar con esta Cuba abria que preguntarse porque.

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