Fuera de lugar
Con la "M" de Madre, de Martha y de Memoria

La honestidad de Nicolás Prividera no sólo atraviesa su primer documental de principio a fin sino que tiene al espectador durante 2 horas y 30 minutos aferrado a una historia conmovedora, que siente suya aunque en el fondo por supuesto no quiere que lo sea. Sin duda habrá uno que otro corazón en el público que tiene que hacerse tripas, porque en efecto la lucha que está en pantalla es la suya misma: una estela más de esa Argentina que se partió en dos durante la dictadura y carga con una triste cruz que tiene un nombre y a la vez carece de él: la de los desaparecidos. La sensación inevitable de aplaudir, o llorar si se quiere, se acompaña de la aquiescencia inmediata con las sobradas razones que el jurado de la 22 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata arguyó para darle a este documental llamado ´M´ los US$50.000 del premio Che Guevara de la competencia latinoamericana y las de la crítica especializada de ocho paises que le otorgó el premio FIPRESCI (Federación Internacional de Prensa Cinematográfica) a la Mejor Película de América Latina. Reconocimientos gracias a los cuales llenó las salas de nuevo en Capital Federal en las insuficientes tres funciones que tuvo durante el BAFICI. Nicolás quien como muchos niños quedó huerfano tras la dictadura militar que reinó de 1973 a 1986 se propone averiguar que pasó con su madre Martha Sierra, de hecho conocerla, siguiendo con una disciplina majestuosa cada pista vacía, suelta y siempre inconclusa que busca en instituciones como la Secretaría de Derechos Humanos, el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). “La gente cree que sobre la dictadura está todo dicho y no solamente no es así, sino que es muy difícil saber más” dice Nicolás, quien tiene formación en comunicación, cine y teatro. En tiempo real graba su periplo para hallar las razones por las que el 29 marzo de 1976, cuando él apenas tenía 6 años y sólo habían transcurrido cinco días del golpe militar, llegaron en la noche a su casa unos sujetos armados hasta los dientes, dando culatazos, y secuestraron a su madre. Una mujer que en el lugar donde esté, seguramente no adivinó que iba a ser desnudada ante miles de extraños que pronto sabemos, sin siquiera haber padecido los rigores del silenciamiento, su lucha por intentar cambiar el sistema desde las bases, desde los ´perejiles´ una parte de los movimientos revolucionarios de los 70, cuya extinción en Latinoamérica, nos mostró la crueldad de la historia. “El espectador sabe de mi madre tanto como lo que yo sé ahora”, argumenta Nicolás en la presentación de un relato personal que se vuelve público. A través de los compañeros de trabajo en el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y los de su militancia en la JP (Juventud Peronista), Nicolás recibe pincelazos contradictorios e incompletos sobre el activismo de su madre y su real cercanía con Montoneros, el brazo armado marxista del JP que en uno de sus modos se llamaba precisamente M. Lo que sí pone en escena Nicolás, como él mismo aclara “sin querer hacer ninguna tipología de nadie“ es que esos militantes que se reunían secretamente en las escuelas, que tenían funciones específicas de inculcar la doctrina política izquierdista y que en determinado momento hicieron delaciones forzadas en un clima de persecusión imaginable, “hoy tienen que hacer conciencia de lo que se hizo y cuáles fueron los resultados, hacerse cargo de revisar su historia críticamente. Y no me refiero a derecha o izquierda sino a la necesidad de abandonar ese discurso fosilizado en el que se debatían posiciones y no ideas”. Un discurso que pasó por el disfraz del Juicio a las Juntas del Presidente Raúl Alfonsín, los vergonzosos indultos de carlos Menem y que enarbola sin duda Nestor Kirchner junto a las vigorosas Madres de Plaza de Mayo. Sus entrevistados se conmueven con su presencia como si tuvieran a Martha de vuelta y le revelan los miedos propios enfrentados a la fiereza y el convencimiento de su madre que en el seno de una familia de clase media alta, se enfrentó desde joven al antiperonismo de sus abuelos. Muchos le reconocen el momento en que claudicaron y otros sugieren que algunos compañeros la delataron. Nicolás, cuya respuesta sobre el destino de Martha, el propósito inicial de la película jamás encontró, no quiere buscar culpables “porque si bien hay culpables individuales, la culpa es colectiva. El gran culpable es la sociedad que olvida“. Por eso los términos de perdón y olvido sin duda prefiere reemplazarlos por la necesidad de justicia a la que sólo se puede llegar “vomitando verdades“, como le sugiere uno de los ex trabajadores del INTA al final de este contundente documental, en una escena en la que se homenajea a Martha Sierra poniendo una placa con su nombre y la de los otros desaparecidos de la zona. “Ese fue un momento espontáneo como todo en la película, tan simbólico como el duelo que no he cerrado porque sin duda lo que deberiamos poder tener tantos hijos de desaparecidos, es una tumba“. ´Tras tres años de investigación y el gran recibimiento del público, ahora Nicolás espera una invitación de Cannes. Sin duda el festival francés también merece verla. Para que no se olviden de M, letra con la que también se escribe Monstruo, el monstruo siempre presente de la dictadura argentina.




