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Un país de desterrados

Lunes, 04-28-2008, 12:50:43 pm

 

Centro poblado formado en Soacha por desplazados de la violencia.  Jenny Manrique

Jenny Manrique.  27 Mar, 2008, Publicado en Noticias Aliadas 

Desplazamiento afecta a más de 3 millones de colombianos

En los barrios pobres de la periferia de Bogotá el país se está reasentando. Venidos de las tierras más ricas de Colombia, donde los cultivos de pancoger alimentan varias bocas y el calor mañanero entra por las granjas como un soplo de vida, miles de familias se han tenido que acomodar en casuchas improvisadas, construidas en terrenos inestables que ocupan un inmenso laberinto donde pega el frío de los cerros.

Sus múltiples acentos ya no sólo hablan de una guerra extendida por todos los rincones del país, sino de una tristeza colectiva producto de un crimen ya reconocido por la legislación internacional y nacional como de lesa humanidad: el desplazamiento forzado.

Son cerca de 25,000 los desterrados que habitan en Altos de Cazucá, localidad perteneciente a Soacha, municipio al suroriente de la capital, convertido en el mayor receptor de esta población junto con la vecina Ciudad Bolívar.

Y es que este conflicto, además de muertos y secuestrados, también ha producido más de 3 millones de refugiados internos en las últimas dos décadas, con una media anual de cerca de 200,000 personas, según el programa gubernamental Red de Solidaridad Social, la mayoría de ellos escapando de amenazas o del fuego cruzado en zonas disputadas por más de un grupo armado, donde la palabra Estado parece un mal chiste.

En medio de dos fuegos
Mara, como pidió que la llamaran, conoce como nadie qué significa eso de ser población civil en medio del conflicto. Esta mujer de 37 años es natural de un pueblo de unos 5,500 habitantes, cercano al municipio de Caucasia, en el noroccidental departamento de Antioquia.

Su casa estaba enclavada en un lugar rodeado por el río de las rivalidades: bastaba cruzarlo a un lado para encontrarse con paramilitares, y dar unos cuantos remazos hacia el otro para toparse de frente con guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Allí trabajaba su esposo conduciendo una chalupa (lancha artesanal) que servía de transporte público entre las veredas.

“De eso sobrevivíamos nosotros, se hacía como 700,000 pesos (US$350) al mes trabajando 10 horas al día. No era suficiente porque uno de pobre nunca está completo, pero al menos la casa era propia”, acota Mara, quien entonces trabajaba como madre líder en el programa gubernamental Familias en Acción, encabezando a 144 mujeres beneficiarias de un subsidio para la educación de sus niños.

“En una ocasión un grupo de personas lo contrató para que los pasara al otro lado del río y al cruzar le salió otro poco de gente armada, y le dijeron que no se moviera hasta nueva orden. Parece ser que dicha gente había asesinado a unas personas; entonces los familiares la tomaron contra mi esposo porque él supuestamente tenía que saber que estaba transportado asesinos”, cuenta.

“Por eso la guerrilla llegó a mi pueblo buscándolo y le tocó huir al monte”, agrega. “Entonces cogieron a mi hijo, lo iban a matar porque lo levantaron a piedras pero él también se les escapó. Iban a tomar represalias contra nosotros y fue cuando se metieron a mi casa con piedras, palos y armas cortas y nos gritaban ‘malditos, malditos asesinos, salgan’”.

Tras esconderse varias horas, lograron salir por la noche hacia Caucasia en un carro que les consiguió su cuñada. Llegaron donde la madre de Mara, quien vive en condiciones precarias y sólo les pudo ofrecer un suelo para dormir. A mediados del año pasado lograron viajar a Bogotá gracias a los pasajes que les envió su hermana.

Finalmente conoció a una funcionaria de la oficina local del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), quien le asistió con algunas mudas de ropa y la asesoró para acceder a la ayuda humanitaria de emergencia que entrega el gobierno —equivalente a $100 mensuales por familia—, consistente en tres meses de arriendo y alimentación, la mayoría de veces mucho tiempo después del primer desarraigo.

Dolorosas historias como las de Mara se esconden en Altos de Cazucá, localidad de 30 barrios con disponibilidad de terrenos, la mayoría ilegales, sin escritura ni figuración en el Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito.
La precariedad de la infraestructura hace que el costo de un arriendo oscile entre 50,000 y 100,000 pesos ($25 y $50) mensuales incluidos los servicios, un valor ínfimo respecto al resto de sectores de la ciudad.

A pesar de la ley 387 de 1997, que reconoce al desplazado como una persona sujeta de derechos especiales por su condición de víctima, la atención a esta población es casi dependiente de la cooperación internacional.

“La actitud de la gente es: pobrecito el desplazado, tome este pantalón y esa camisa vieja. Y nosotros somos personas que vivíamos mejor que cualquiera de los que hoy nos miran con lástima”, indica Rendón.
Por eso la lucha desde la MIGD es concienciar sobre esta problemática para que se desligue del asistencialismo y se fortalezca con la inversión social.

Un flagelo que no cede

  • 200,000 es el promedio anual de personas que abandonaron sus casas en los últimos 5 años.
  • 3 millones de personas han emigrado internamente por causa de la violencia en los últimos 20 años, y 414,000 en el 2002, primer año del gobierno del presidente Álvaro Uribe, una cifra récord.
  • Departamentos expulsores: Antioquia, Valle, Tolima, Meta, Caquetá.
  • Ciudades receptoras: Bogotá y Soacha, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Villavicencio.
  • Origen de la amenaza: FARC 88%, Ejército de Liberación Nacional (ELN) 28%, paramilitares 17%, ex paramilitares, narcotráfico y delincuencia común 84% (la cifra supera el 100% porque en varios casos hay más de un autor de la amenaza). ACNUR y Red de Solidaridad Social. Cifras a septiembre 2007.

Fuentes:

 

Los hijos de Lázaro

Miércoles, 04-23-2008, 8:35:43 pm

 
Los enfermos de lepra han cargado durante siglos con el rechazo de la sociedad. Dos lazaretos fueron creados en Colombia para aislarlos del mundo. Crónica de una visita a uno de ellos: Contratación. 
 
 
“No es en todos igual pero si cruel, solo deja de su víctima despojos, unos pierden sus pies, manos y ojos y otros quedan deformes de la piel. Terrible mal ponzoña irresistible, vertida sobre las sombras del misterio, su alivio más cercano el cementerio, su próxima esperanza lo imposible”.  
Che María.
 
  A su espalda una mole de cemento se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.
  A las 5:15 a.m. la fuerza de un terremoto había comenzado a echar abajo la estructura que sirvió de escenario durante siete años para el internado masculino de Guacamayo, Santander donde Carlos Angarita, hoy un fotógrafo profesional, pasaría su infancia
  Mientras dormía la mañana del 29 de junio de 1967 junto a cerca de 900 niños más que al igual que él, por ser hijos de leprosos habían aprendido en ese claustro la forma de crecer sin leche materna, el piso se sacudió, le tumbó su techo y paradójicamente le abrió las puertas a la libertad.
  Carlos nació del vientre de doña Ana Belén Parra, una mujer que a los doce años recibió un diagnóstico médico que acabó con su vida por el lastre con el que ahora cargaría ante los ojos de los ‘sanos’: Ella tenía lepra.
    Lepra. Esa enfermedad que la misma Biblia se encargó de perseguir al rasgar la ropa de quienes la padecían y hacerles vociferar la palabra ‘impuros’ una y otra vez, se depositó sin pedir permiso en la humanidad de Ana Belén.
    Y se quedó allí para siempre hasta arrebatarle la vida hace 20 años, no sin antes permitirle que cumpliera su sueño de ser madre, un sueño que se vio perseguido por un gobierno y una sociedad que desde comienzos del siglo XX tomó la determinación de aislar a quienes desarrollaron el bacilo de Hansen, como se le conoce científicamente a la enfermedad.
    Dos lugares del país se destinaron entonces para ‘asilar’ a todo aquel que empezara a perder la sensibilidad en su piel y desarrollara llagas en su cuerpo: Agua de Dios en Cundinamarca y Contratación en Santander.    
    Y fue en esta última tierra, a dónde Carlos volvió a buscar a su madre, gracias a que un terremoto en 1967 le devolvió la libertad.
 
Periplo por la vida
    “Gracias a Dios pude volver por mi mamá. Yo con apenas siete añitos me empecé a encargar del tratamiento de ella. Tenía que hacerle tres curaciones al día. El gobierno nos daba gasa, algodón, un litro de mentiolate y otro de agua oxigenada, pero con esa pobreza la enfermedad avanzó”, cuenta Carlos.
    Al lado de su madre y de su hermano, quien también padece la enfermedad y ahora se encuentra en Agua de Dios, Carlos caminó muchas calles del país pidiendo caridad ajena. Era solo en las calles donde podían estar juntos pues en los lazaretos (como eran conocidos estos dos municipios) la gente ‘sana’ no tenía ingreso por el temor de unas autoridades ignorantes que pensaban que la enfermedad era contagiosa, cuando no está catalogada como virus.
   “A las afueras de Contratación habían retenes policiales, de agentes enfermos que controlaban las salidas y las entradas. Adentro era como una república independiente, con sus propias leyes con prohibiciones y persecuciones absurdas. Hasta tenían su propia moneda por el miedo de que los pesos que salieran de allí circularan por otra parte del país y propagaran la enfermedad”.
   El lazareto, nombre que adquirió la moneda, se convirtió desde 1890 en el elemento de trueque que paulatinamente permitió la desaparición del peso nacional.
   Los billetes con la cara de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander empezaron a ser recogidos por los tesoreros locales, mientras del gobierno central emanaban las monedas de 5, 10, 20 y 50 centavos, con la cruz del lazareto y el estigma explícito del rechazo.
   “Recuerdo mucho que al sacar a mi madre de allí andamos durante un buen tiempo con esas monedas y en una ocasión en un restaurante una cocinera me golpeó con una cuchara de palo porque pensaba que le iba a robar lo del almuerzo, al intentar pagarle con eso” dice entre risas y nostalgia Carlos quien aclara que a su mamá no la mató la enfermedad sino una droga que estaba tomando para atacar otra afección en sus riñones.
    Este fotógrafo de 42 años, casado y con dos hijas borró de sus nostalgias la ‘jaula’ del Guacamayo en la que fue cegado de la realidad de su madre en Contratación, y en cambio a esta última tierra la visita para cerciorarse dos veces al año, que todas esas vejaciones que allí sufrieron los enfermos de Hansen son historia Patria.
 
Camino a la tierra de la quina
    A Contratación se puede llegar por dos caminos desde Bucaramanga. El uno, largo y pedregoso como si quisiera testificar los dolores de hombres y mujeres despojados de su hábitat, tras las denuncias de alcaldías locales y hospitales que tenían la obligación de expulsarlos y entregarlos a la policía por cometer el delito de llevar un bacilo en su sangre.
    Bucaramanga – Socorro – Oiba – Guadalupe - Contratación.
    El otro, más corto y transitable como si se revistiera de la lucha que guerrearon las últimas administraciones, familiares y gente humilde que hizo de su techo este leprocomio, quitándose la máscara del escrúpulo.
     Bucaramanga – Socorro – Chima – Contratación.     
    Por cualquiera de ellos Contratación, cuyo nombre se origina por haber existido en la zona una contrata o compra de quina muy abundante, abre sus puertas para mostrarse tan apacible y aclimatada como trágico fue su pasado.
    Destino de los hijos de lázaro que empezaron a llegar aquí expulsados de todas partes del país, con sus miembros carcomidos por la desidia, a vivir en ranchos de paja o ‘chozas de barro’ y caminar calles a medio empedrar. Era la época de la fundación del lazareto el 14 de septiembre de 1861. Allí llegaron a habitar 15 mil personas.
     Hoy, mucho más de un siglo después algunos enfermos de Hansen que padecieron esa dictadura continúan su vida con sus años a cuestas pero con la libertad que otros tiempos les robaron.
     Siguen caminando con sus llagas y sin embargo un tratamiento - terapia de multidroga (MDT) les permite sonreir y hasta crear códigos de lenguaje al interior de sus comunidades.
     En Contratación dos lugares han sido dispuestos para atenderlos: el Sanatorio Juan Bosco para hombres y el albergue María Mazarello para mujeres.
     Ambos, una muestra inequívoca de que la lepra es curable y no mata.
 
‘Don chè’
      En el Sanatorio Juan Bosco una sala de parqués dispuesta en un corredor lúgubre que se contenta con las sonrisas de cuatro ancianos que tiran el dado, es el atractivo del segundo piso.
      Unos curiosean, otros se atreven a pedir turno para jugar y entonces, corren las apuestas. ‘La hueca’ como bautizaron al parqués tradicional, con sus reglas y movimientos propios, es la excusa perfecta para posponer la siesta después de almuerzo.
      Allí Don ‘Ché María’ como se le conoce a José María Ramírez, un hombre de 70 años que no desaprovecha la oportunidad para hacer gala de su fino humor, advierte presencias extrañas.
      “Mucho gusto señorita, que pena que no le de la mano derecha pero es que esa ya la perdí toda, al menos con lo que me queda de ésta la puedo medio saludar”, advierte y recoge con sus dedos encogidos el lanza dados para volver su mirada al juego.
      Los demás ríen y optan por acelerarlo para que Ché María gane de una vez y pueda atender la entrevista.
      “¿Usted sabe cuando yo llegué aquí? El 20 de julio de 1944 yo ya estaba parado en la puerta del hospital a las 6:00 a.m. Venía con mi mamá y con un grupo de 24 personas, entre ellas cuatro sanas, y de las cuales hoy solo hay una viva, o sea yo”.
      Don Che María frena y respira con calma para empezar a agitar su vaso y recordar que ya se va a acercar la hora de la merienda que es justo después de obtener su victoria jugando ‘hueca’.
    “ A los tres años y medio me diagnosticaron la lepra pero a mí se me desarrolló después de viejo. Cuando era lazareto el gobierno se encargó de hacer muchos experimentos con nosotros en busca de drogas. El que se aguantaba bien y si no pues se moría joven” dice Che María con despreocupación.
    Al fondo, en un comedor para cerca de 30 personas se empieza a sentir la correría. Che María se muestra impaciente pero quiere hablar.
    “Yo estuve cuatro años en Agua de Dios también y es la misma vaina. es que lo que mata es la droga. Como es posible que a una persona deshidratada le metan penicilina, lo que hacen es volverlo ciego a uno, poco a poco”, afirma Ché haciendo gestos de erudito que no pueden ocultar su nariz leonina y sus ojos perdidos desprovistos de cejas, entre su piel de arrugas,
     Aunque sus facciones reflejan inconfundiblemente su enfermedad, sus palabras y sus movimientos dicen que quiere ganarle una batalla a la lepra.
    “Yo recuerdo que antes había como buena atención médica, pero entonces había mucha humillación. Varios se suicidaban solos sin familia y había casos horrorosos de lepra. Daba miedo. Hacía parte del desconocimiento de la enfermedad y la dejaban avanzar. Ahora lo más difícil es capotear esos rebotes de lepra. Salen más verrugas y duelen los pies y las manos”.
    Don Ché recibe un subsidio mensual del gobierno equivalente a un salario mínimo destinado a su manutención y al tratamiento que le hacen en el sanatorio.
    “A mí me toco estar cuatro años en Agua de Dios porque en una ocasión me quitaron el subsidio por castigo. Nosotros para salir del lazareto teníamos un permiso de máximo tres días, que se garantizaba con un fiador que pagara una fianza que valía 10 mil pesos. Si uno no volvía cuando había acordado al fiador le tocaban dos tres meses de cárcel, Ese dinero iba a parar al recaudo nacional”.
    Y como quien recuerda un castigo y no quiere volver a repetirlo don Ché se aleja antes de que lo dejen sin refrigerio y se despide dejando en la memoria de un cassette la poesía al leproso que compuso en noches de dolor.
 
Retratos de rechazo
    Mientras la silueta pequeña del anciano se pierde entre las demás, las enfermeras van acomodando en sus lechos a quienes han terminado de comer. En los cuartos algunas revistas de Condorito reposan al lado de ejemplares de la revista local ‘La Ración’, de 'La croniquilla de Contratación’ escrita por el historiador Álvaro Ruiz también enfermo de Hansen, y de fotos viejas que se confunden con los registros de las cédulas especiales que circulaban durante el leprocomio.
    Don Pedro Pablo Vanegas muestra la suya sin titubeos. Se le ve en ella 65 años más joven y el blanco y negro de la impresión le hace perder el azul profundo y soñador de sus ojos.
    “Estas cédulas circulaban únicamente en Contratación, si uno salía de aquí y la gente leía el maldito lugar inmediatamente le cerraban las puertas. Era como una huella demente” recuerda este hombre de 73 años.
    En la época del leprocomio los enfermos debían cargar una cédula especial que los hacía ciudadanos de Contratación, y de paso ‘merecedores’ de la abstención obligada: les era vetado votar y ser elegidos.
    Adicionalmente portaban un carnet de salud en el que se les definían todas las malformaciones de sus rasgos físicos y se ponían sellos especiales para sus salidas bajo sugestivas observaciones: Este ciudadano ya no se considera peligroso para la sociedad. Libre circulación.
    “Yo resulté enfermo de lepra en Bogotá a los 11 años cuando me había ido a estudiar. Cuando aprendí a leer y escribir ya no me quería devolver a Suaita, donde ganaba 30 centavos a la semana que eran para mantener a toda mi familia, así que un amigo me dio trabajo en la fabrica Textiles de Monserrate por allá en 1944”.
     Sus dedos empezaron a sentir entonces que perdían fuerzas para hilvanar y zurcir y el algodón y el hilo se le escapaban de las manos con facilidad. Su grado de insensibilidad llegó a tal punto que Pedro Pablo se cortó la mano en el taller sin darse cuenta. Gajes del oficio.
     “A mi me vieron como diez médicos hasta que fui a parar al dispensario anti leprosos de Cundinamarca, donde decidieron que mi mejor destino era Agua de Dios. El sindico de allá me ayudo a escapar porque sabía que a mi me convenía volver a Santander”.
     Pedro Pablo ya va caminando hacia la calle sin el temor de que le prohiban respirar un aire diferente al de las jeringas y el metronidazol.
     "Lo que yo no quería era llegar acá empujado por dos policías violentos. Acaso yo he matado a alguien? Una tía que vivía acá me sacó un pase de visitante y entonces al llegar me encerraron en el asilo, pero yo me dediqué a dictar cursos de carpintería que es lo que me gusta. Gracias a esos primeros talleres, en 1962 se creo el hoy Colegio Instituto Técnico Industrial” cuenta orgulloso y se intenta peinar con su mano la escasa cabellera, mientras maneja la prótesis de su pierna derecha con una perfección que la hace imperceptible. Su calzado cuidadosamente diseñado por Jorge Armando Aparicio, el zapatero del pueblo, esconde las llagas de su dolor.
      Pedro Pablo se mira como un líder. Algunos lo sienten como tal y aunque haya otros que no entienden sus ideas el siempre los anima.
     “Si nosotros no tenemos las agallas para buscar algo mas que no sea el suicidio, entonces estamos muy mal”.
 
La Biblia del pueblo
     Unas cuadras abajo del sanatorio está la Iglesia. San Juan Bosco y María Auxiliadora reciben allí la súplica de devotos ‘sanos’ y enfermos. En la oración de las 6:00 p.m. un buen número de personas se congrega para profesar una religión que en el pasado, les dedicó en todo un capítulo del Levítico de la Biblia, una receta para mancillar su honra.
     Don Alvaro Ruiz no está exento de ese recuerdo. En la sala de su casa adornada con sus cuadros familiares y una colección de monedas de lazareto, empieza a traer a su mente los fotogramas de una época en la que la discriminación era la orden del día. Los mismos que fueron plasmados en un libro que guarda los secretos mas nobles y tiranos que tiene el lazareto: “Croniquilla de Contratación”, un escrito de su autoría que ya cumplió su tercera edición, tan impecable como lo primera, a pesar de los 83 años que pesan sobre su ser.
     “Yo fui de los últimos que me casé con la restricción absurda de que un leproso no podía contraer nupcias con una persona sana. A mí me toco tener a mi esposa escondida prácticamente hasta 1951 que fue cuando se ablandó un poco la cosa”,
     Tres generaciones de la familia de Álvaro han muerto de Lepra. El Bacilo está en su cuerpo desde 1929, fecha desde la que no ha dejado de registrar el más mínimo detalle del pueblo.
     “Mi mama resultó enferma cuando yo nací. Durante sus días de dieta a ella la convencieron de irse a bañar a la quebrada de Curití cerca de Gallineral. Cuando salió del río tenía unas manchas rojas en alto relieve. Era lepra”
      Álvaro es ciego. Se ayuda de un audífono especial para poder oír y sin embargo recita cada pasaje de su vida con fiel exactitud.
      “Yo he sido enfermero, escribiente, asistente del juzgado municipal, corregidor, tesorero. Es más, el 98% de las calles que usted ve empedradas, las empedré yo con laja y cemento, recogiendo la plata de multas que cobraba por tener animales en la calle”.
      Sin embargo sus múltiples ocupaciones no lo ‘cegaron’ entonces de la vida de restricciones e hipocresías que se tejía en su entorno.
     "Aquí a los sanos no los dejaban tener escritura de un predio, tenían que ser enfermos. El contacto tenía que ser el mínimo y sin embargo algunos doctores de la época abusaron muchas veces de enfermas de lepra, ya que el bacilo no afecta los órganos genitales. Ja! Y ahí los veía uno al otro día en el hospital metiendo las maletas y todos los materiales en formol en la Oficina de desinfección”
      - Entonces el pasado no le dejo nada bueno?
      “Hay que reconocer que hubo un tiempo en que se hacían operaciones de alta cirugía y el médico lo visitaba a cualquier hora. Sin embargo yo me quedo con la libertad de pasearme ahora por donde quiera sin ser señalado”, puntualiza Ruiz.
      Su esposa le ayuda a erguirse para volver a su silla de reposo y mientras él cierra las puertas de su casa, Contratación las mantiene abiertas para que los ‘sanos’ se atrevan a comprobar que la lepra es curable, no es contagiosa y no mata.
 
Una enfermedad curable
  * Olinto Mieles Burgos, bacteriólogo del Sanatorio de Contratación explicó que la lepra no es un virus que se contagia sino que es producida por un bacilo que desarrollan las personas por diversos factores que pueden ser congénitos o de inmunodeficiencia, y se favorecen en condiciones de mala higiene, desnutrición o hacinamiento.
   * La ciencia ha apuntado a la detección temprana de las primeras llagas en la piel, que generalmente aparecen en las nalgas, para atacar el bacilo antes de que se deterioren los nervios de las manos o los pies o se presenten discapacidades.
   * Los síntomas son principalmente la insensibilidad en la piel y la presencia de manchas en las partes frías del cuerpo. Y es por su carácter indoloro por el que es muy difícil que un paciente preienta que padece la enfermedad y en casos críticos la deja avanzar demasiado sin darse cuenta.
   * Durante el desarrollo de la enfermedad las personas empiezan a sufrir de alopecia (perdida de pelo), se le caen las cejas, la nariz se vuelve leonina, la piel de las orejas se estira, y sin embargo estas características se desarrollan en grados diferentes en cada organismo.
   * En el Sanatorio de Contratación hay registrados 557 pacientes entre hombres y mujeres, de los cuales 440 son oriundos de otros municipios.       
   * Amparados en la ley 715 el hospital San Bosco, nombre del Sanatorio, tiene el proyecto de convertirse en el Centro Investigativo de la lepra.
  * Las autoridades médicas recomiendan a los enfermos de lepra del país que se acerquen al Sanatorio de Contratación o de agua de Dios a recibir el tratamiento que necesitan que carece de precio alguno,   portando su historia clínica y documentación al día.
Poesía del Leproso
Autor: Che María 
    20 años de tristeza que he pasado contemplando las luchas de la muerte como triste paraje sin par remedio los enfermos están seres mirados con horror espanto y miedo
      Robad del bien, como en la vida avanza intrigados por el núcleo del empleo, si en tal forma logran su deseo, informes falsos mandan a la prensa.
     Como ciega la muerte en su camino sin respetar al niño ni al anciano lepra si con destructora mano todo lo arrastra en su fatal destino.
     Obispos, sacerdotes y abogados y médicos también ricos magnates, frailes, monjas, nobleza de kilates, han sido por su diente devorados.
     Se vuelve la tristeza la entraña de contemplar a Ricalin y a Judas con deforme nariz, cejas desnudas, tuberculosa oreja y sin pestañas.              
     No es en todos igual pero si cruel solo deja de su víctima despojos, unos pierden sus pies manos y ojos y otros quedan deformes de la piel.
     Terrible mal ponzoña irresistible, vertida sobre las sombras del misterio, su alivio mas cercano el cementerio, su próxima esperanza lo imposible. 
     En la nación entera habremos desgraciados, sí, habremos desgraciados, soportando desdichas sin cesar, sufriendo de la ausencia del hogar y por crueles verdugos humillados.
     Convaleciente viviendo no hay derecho en la basta porción de tantos seres, viven mezclados hombres y mujeres bajo un fondo común y un mismo techo.   
     De envidia y mala fe es el detalle y de bajas pasiones dan ejemplo muchos hacen de santos en el templo y de diablos perversos en la calle.
     Que la ciencia con éxito brillante, su remedio encontró tengo por cierto,. Pero debe contarse como muerto quien no tenga valor perseverante.
     Bien pude comprender que no denigro quienes observen lo mismo que yo veo marcha todo tan mal que pienso y creo que hasta Dios en su altar esta en peligro.        
     Termino aquí estos cuartetos autentica faz de la miseria humana, con lo dicho perdí hasta la gana de volver a describir los lazaretos.
 Amen
 
         
 

Al rescate...

Martes, 04-22-2008, 5:23:08 am

Así es la vida y éstos son algunos casos que han debido enfrentar los uniformados del Gaula del Ejército, encargados de combatir uno de los peores dramas de este país: el secuestro. Ellos izan la bandera del sí al rescate.
  
        El teniente Víctor* reconoce entre dientes, que pensar en los secuestrados que están en el monte le roba el sueño. Le quita una parte de lo poco que duerme, porque sus jornadas sobrepasan a veces las doce horas.
        Su familia se ha acostumbrado a verlo levantarse de madrugada, casi sobresaltado, atendiendo al llamado de las operaciones que comienzan con el alba, mientras los captores duermen y las víctimas cuentan sin sentido las horas y los minutos para volver a la libertad.
        “Estamos preparados para manejar esas situaciones, pero no deja de ser doloroso cuando encontramos a las personas en una especie de jaula, sin recibir el sol durante días o meses, pálidas y débiles”, relata entre los recuerdos que hacen parte de sus cerca de tres años de trabajo en rescates y operaciones antisecuestro.
        Unas difíciles, otras rápidas, casi todas exitosas. Una en enero del presente año, en la que resultaron heridos tres soldados del Batallón Ricaurte cuando rescataban a un comerciante en el área rural de la Provincia de Soto.
        La vereda Misiguay se convirtió entonces en un cruento escenario de intercambio de disparos con presuntos guerrilleros del Epl, que se estaban llevando cautivo al hombre, por la vía que conduce a la Costa Atlántica.
        “A veces resulta increíble cómo pueden mover en sólo 15 minutos a un secuestrado más de 40 kilómetros. Recuerdo mucho el caso de un señor y su hijo que habían sido plagiados por el Eln en el área rural de Lebrija. Ellos estaban pidiendo una suma de dinero y nosotros los ubicamos satelitalmente. Cuando fuimos al sitio donde se haría la liberación, no estaban y luego los plagiados aparecieron en un sector totalmente alejado de nuestro lugar. Estábamos muy desubicados. Ellos se mueven mucho en la selva”, agrega Víctor.
        No obstante, él y los tenientes del Gaula Santander, adscrito a la Quinta Brigada, no se quedan atrás. Antes de ir a un rescate realizan todo un planeamiento estudiando la carta, que no es otra cosa que un mapa del terreno.
        “Con él sabemos cuánta gente necesitamos para hacer determinado rescate, dónde es el área y el apoyo de qué batallones cercanos necesitaremos. Todas esas informaciones las vamos obteniendo a través de la red de cooperantes”.
        A Víctor le enorgullece que múltiples oídos de la población civil, se hayan convertido en la mayor herramienta para neutralizar secuestros y realizar rescates. A ellos los contactan a través de un teléfono celular o fijo, y a partir de un dato se puede crear toda una operación o abortarla. Este Teniente de 36 años lo sabe, y por eso recuerda con satisfacción el día en que llegó con sus hombres a una casa del sitio conocido como ‘Loma Lancheros’, en el corregimiento de Pitiguao, del municipio de Mogotes. En cuestión de minutos, desarmaron de su 9 m.m. al secuestrador que hacía parte del frente 45 de las Farc, y rescataron a un reconocido panelero del Valle de San José.
        “El operativo de rescate se había montado desde el mismo día del plagio en coordinación con el DAS, que siempre nos acompaña. Acordonamos el sitio para que no pudieran sacar la víctima. Ya la red nos había informado sobre el paso del vehículo en que movilizaban al palenero por ciertos lugares que nos condujeron a Pitiguao”.
 
Dar la vida
        Víctor ha venido conociendo los diferentes modus operandi de las organizaciones delictivas, gracias a las labores de inteligencia que lidera el Teniente Juan*.
        Ambos, entrenados en operaciones de contraguerrilla, allanamientos, ascenso y descenso de edificios, asalto a casas, registro a vehículos, y manejo de armas cortas y largas según el terreno del rescate (las primeras para la ciudad y las segundas para el campo. Estas últimas pueden incluir lanzagranadas y morteros), se apoyan con las distintas unidades y con detectives del DAS.
       “En la parte rural ya es una operación mas conjunta, más grande porque el campo es mucho más abierto. Uno en la carta (mapa) ve totalmente distinto el terreno a como lo encuentra, pero lo que nos favorece es que Santander no tiene selva, por eso llegamos más fácil al secuestrado”, dice Juan, quien ya identifica al dedillo los campamentos del Eln, que son los que tienen mayor presencia en la región.
      “Sabemos que ellos siempre minan los campos, entonces entramos con cuidado. Generalmente lo hacemos con dos equipos de asalto, que son los que entran al objetivo (rehén), previamente asegurado. Contamos con soldados francotiradores que tienen fusiles especiales con miras para ubicar al secuestrador. También llevamos soldados capacitados en pequeñas cirugías para atender heridas por arma de fuego, luxación o cualquier accidente. Ellos deben mantener a la persona viva por el término de unas seis horas, mientras llega un apoyo helicoportado”, subraya Juan, un hombre ordenado y meticuloso.
        Su tarea le ha permitido concluir que generalmente los rehenes que tiene la subversión son custodiados por máximo cinco personas, mientras que los plagiados por la delincuencia común a veces los dejan a cargo de una familia en una casa de un barrio de la ciudad. Estos últimos siempre realizan la extorsión haciéndose pasar por cabecillas de las Auc.
       “A la delincuencia le queda muy difícil manejar un secuestro, debido a que debe mantenerlo muy cerca al área urbana, lo que hace es venderle los secuestrados a un grupo organizado”, reitera.
         Por eso el mayor dolor de cabeza para los tenientes del grupo Gaula, siguen siendo los frentes 4 de septiembre y Manuel Gustavo Chacón del Eln, en los que Alias ‘Jhonny Chaleco’ y Alias ‘El Tigre’, insisten en seguir engrosando sus arcas monetarias con el dinero sus víctimas.
        “Pagar rescates es financiar sus delitos. Por eso insistimos en la cultura de la denuncia y el no pago, Pero a nosotros a veces nos llegan los casos hasta una semana después del secuestro”, añade Juan.
          Lo cierto es que en cualquier caso de plagio prima la vida, y eso lo tienen claro todos los funcionarios del Gaula: “en lo que más entrenamos es en preservar la integridad y la vida del secuestrado. Cada vez que uno sale a un rescate piensa en eso, porque obvio que si llegan a asesinar a un secuestrado, el problema se viene para la familia, para el Estado y para nosotros. Si uno tiene que dar la vida por la persona, que así sea, porque ella es la que está en riesgo”, dice el teniente Víctor.
          Quizá son estos temores los que hacen que los familiares de algunos de los rehenes que tienen en su poder los grupos al margen de la ley, hayan manifestado su vehemente rechazo al “rescate a sangre y fuego”, como lo llaman.
        Pero, ¿pagar?
 
Hablando con el enemigo
       “Nosotros asesoramos a la familia, tratamos de llegar a una negociación para que paguen un monto mínimo, en caso de que toque pagar, pero siempre le apostamos al rescate. Los instruimos para que tengan un nivel de confianza con el secuestrador y negocien, pero ellos saben que si pagan, pueden seguir siendo objeto de extorsión”, asevera el Teniente Saúl*, quien apoya a Juan en inteligencia.
        Él es una autoridad en la materia, pues es el jefe de la sala técnica, en donde se hacen las interceptaciones de llamadas, previa orden judicial.
        “Lo que más recomendamos a las personas es que tengan un identificador de llamadas. Aunque nosotros hacemos el ‘plan cabina’ (identificar de donde proceden por las señales de celular), eso nos facilita mucho el trabajo”.
        El teniente Saúl también coordina el uso de radios y se ha vuelto un experto en descifrar las cartas extorsivas o las pruebas de supervivencia que les llegan a los familiares.
        “Hemos detectado que cuando se trata de la subversión, los membretes y los logotipos de las cartas son originales; la delincuencia común los escanea, pero son incapaces de falsificarlos. Lo mismo en la redacción, el delincuente no tiene facilidad de expresión”, sostiene Saúl, quien recibe muchas veces las llamadas extorsivas, en las que se exigen montos desde U$1000 hasta US$1.5 millones.
        “El contacto de nosotros con el enemigo es más directo, porque nosotros hablamos con él al otro lado de la línea. A veces se concretan entregas de dinero para lograr su captura. Le decimos a la familia cómo actuar, mientras nosotros aseguramos el sitio. Generalmente van dos bandidos que se sientan con la víctima y reciben el paquete. Recuerdo que la última vez hubo intercambio de disparos en plena calle de la ciudad, y tuvimos que darlos de baja”.
         Saúl reconoce que en la mayoría de las operaciones hay enfrentamientos, pero a veces prefiere que se presenten si eso va a permitir el regreso de los secuestrados.
        “Yo tuve un caso, en que el nieto de un señor estaba gestionando el pago de su rescate con guerrilleros de las Farc. A última hora le pusieron una cita en Cúcuta, cuando ya habían quedado en verse en Lebrija. El muchacho fue. Le entregaron a su abuelo y se lo llevaron a él. ¿Así quien confía? A veces quieren tener a alguien más joven de la familia que les aguante más”, asegura.
 
En las Farc hay violaciones
       Los tenientes, hábilmente preparados en las operaciones en terreno, no dejan de reconocer que quizá el trabajo más difícil y más importante viene después: la recuperación de la confianza de la víctima.
       “Nosotros no los dejamos solos pero obviamente, no les podemos brindar un escolta ni nada de eso. Lo que sí hacemos es brindarles ayuda psicológica”, dice el Teniente Víctor.
       Es allí donde la cuota femenina juega su papel, pero quizá el más relevante. La psicóloga del Gaula, es quien atiende a las familias durante y después del secuestro y es ella quien conoce realmente el drama que vivieron.
      “Una vez llegan acá, se les enseña a manejar la angustia que genera el cautiverio, las llamadas, las cartas, lo que llamamos intervención en crisis. Que cuenten todo lo que quieran desde el día que se los llevaron hasta su libertad”.
      Sus testimonios vienen cargados de un ánimo de venganza al principio, que se va amainando con el tiempo, pero que puede volver a aparecer. Las primeras reacciones son cambiar la línea de teléfono y aislarse del mundo. Muchos buscan irse de la ciudad y hasta del país.
       “Recuerdo un caso en el que secuestraron a los cuatro miembros de la familia, y las dos mujeres fueron abusadas sexualmente. Al principio ellas tenían sed de venganza y solo querían que los capturáramos y verlos sufrir. Luego la menor comenzó a llevar una vida sexual desordenada, pues había sido violada por varios guerrilleros, cada día uno diferente (...) Generalmente en las Farc hay violaciones, específicamente en algunas cuadrillas. En el Eln no”.
        Estas vejaciones, por fortuna, no son muy frecuentes. La psicóloga ha detectado que por el contrario, cada vez hay más casos en los que se genera el síndrome de Estocolmo.
       “Salen diciendo que los cuidaron, que los trataron bien, que son excelentes personas. Entonces las víctimas no denuncian por temor a que le pase algo a la gente que las cuidó. A veces hacen amistades y cuando salen mantienen contacto telefónico con el guerrillero y se cuentan sus cosas personales”.
       Esto quizá no preocupe a los Tenientes Víctor, Juan y Saúl. Quizá esa sea la menos grave de las secuelas, visto que ellos han tenido que apoyar al rehén, a quien encontraron esposado a un poste de la luz en calzoncillos, y al niño secuestrado por su propio padre por una venganza familiar.
* Nombres cambiados
 ¿Cómo evitar un secuestro?
        La oficina de seguridad preventiva de Bucaramanga (O.S.P.), que depende del Fondo Nacional de la Libertad Personal (Fondelibertad), adscrito a su vez al Ministerio de Defensa, es la encargada en la ciudad de brindar herramientas a las personas para que aprendan a reconocer los estados de riesgo y eviten ser víctimas de secuestradores y extorsionistas.
        Para obtener un servicio de la Estación de Apoyo Inmediato (E.A.I.), uno de los programas bandera de la O.S.P, “la persona debe afiliarse y adquirir un radio en el mercado (su costo oscila entre US$1.000 y US$1.500), el cual será dotado con unos códigos de comunicación, un permiso y por supuesto la inducción para su uso. Ninguno de nuestros servicios tiene costo, sólo el aparato, pero nosotros no lo vendemos”, explica el director de esa oficina, el Mayor ® Juan Manuel Miranda. 
        La cobertura de la red de radio es en todo el departamento de Santander y algunos municipios del sur del Cesar y del sur de Bolívar. La idea es conocer información sobre “incidentes de seguridad de la persona, situación en las vías urbanas y rurales y alertar a los organismos de seguridad en caso de emergencia. No obstante, el uso de estos equipos se recomienda de acuerdo con la matriz de riesgo”, agrega el Mayor Miranda.
        “Seguimos recomendando a las personas que mantengan un bajo perfil, que tengan siempre un equipo de comunicación consigo, que averigüen el estado de las vías antes de viajar y que verifiquen la identidad de las autoridades en los retenes”, aconseja por su parte el Comandante del Gaula Santander, Mayor Antonio Rico. 
        A estas medidas, las autoridades añaden el no concentrar dinero en una sola cuenta bancaria, cambiar constantemente las rutas de desplazamiento, no tomar atajos desconocidos y averiguar los antecedentes de los colaboradores más inmediatos.  
       

Las crisis de un grupo de anónimos

Sábado, 04-19-2008, 2:23:30 pm

El anonimato sirve para todo, principalmente para que el hombre se sienta capaz de desnudar su alma, sin que ese otro desconocido lo juzgue. Con esta premisa se han creado en el mundo varios grupos de ayuda, en los que seres sin nombre, comparten sus dolorosas experiencias para buscar soluciones a través de quienes ya las han vivido. Bajo la filosofía de Alcohólicos Anónimos hoy existen asociaciones como “Narcómanos Anónimos”, “Obesos Anónimos”, “Jugadores Anónimos”, “Esquizofrénicos Anónimos” y otras tantas. En Bogotá hay un grupo de “Neuróticos Anónimos”, en el que sus miembros aseguran haberse liberado de unas vidas insoportables.
 
La figura menuda de Nora* se asoma afanosa sobre la carrera 17, a la altura de la calle 65 en el sector de Chapinero de Bogotá. Faltando poco para que sean las 7:00 p.m., el tráfico le ha retrasado el horario habitual de apertura de su lugar de reunión y ‘expiación’ de penas, culpas y alegrías. Desde las 6:30 p.m. un grupo no muy numeroso de personas, la espera al frente de un discreto lugar, tanto como su nombre, al interior del cual no son mas que seres anónimos en busca de ayuda.
“A veces nos reunimos solo cuatro personas, unas no vuelven después de la primera vez porque no quieren o porque las han traído engañadas. Hemos sido hasta 80 personas, pero cuando dejamos de saber de unos u otros, pues no tenemos teléfonos ni dirección de nadie, para saber por qué son o no son constantes. Respetamos el anonimato”. Esos son, seres anónimos. Y neuróticos. Aunque esta definición abarque etimológicamente todos los “episodios de desequilibrio psicológico que se presentan en personas que han alcanzado una función mental relativamente adecuada”, ellos se describen como hombres y mujeres que “hemos perdido la capacidad para controlar nuestras emociones y como consecuencia nos hemos encontrado inmersos en dificultades y situaciones que nos ocasionan sufrimiento”.
Nora saca las llaves de un pequeño bolso. Abre la puerta de la sede en Bogotá de “Neuróticos Anónimos” y de inmediato se lamenta porque arriba están haciendo remodelaciones y su modesto local se ve afectado por una grieta en el techo que lo ha empolvado significativamente. Ella comienza a limpiar cuidadosamente cada una de las doce sillas y el atrio detrás del cual los anónimos más valientes se atreven a contar su historia tras una sugestiva leyenda ‘Sé honesto, habla de ti’.
También despercude un pequeño estante con libros y folletos sobre la organización y sus antecesores mexicanos y la ‘mesa de servidores’, en la que se sientan quienes asumen el liderazgo del grupo, luego de haber superado su propia neurosis y tener la ‘buena voluntad’ de ayudar a otros. Nora es hoy uno de ellos luego de que en 1989 participara en el primer grupo que se inició en Colombia, bajo la batuta de una familiar suya que conoció la iniciativa en México, país donde nació en 1977 (ver México, la cuna)
“Ella conoció allí Neuróticos Anónimos y decidió abrir en Bogotá un grupo que iniciamos cuatro personas haciendo uso del espacio de distintas parroquias, hasta que tuvimos lugar propio. En esta esquina estamos desde 2001. Ella me invitó porque se dio cuenta que yo lo necesitaba, ya había perdido mi empleo y hasta mi relación de pareja por mi actitud y lo peor era que yo pensaba que los otros eran los neuróticos y no yo”.
Nora es inquieta. Ya terminó de limpiar cada esquina y barrer y ahora ofrece agua aromática a los invitados. Aunque se guarda detalles puntuales de su experiencia, ya no teme compartirla con nadie. Eso sí, la mayor parte del tiempo se dedica a escuchar. A los nuevos, les entrega un folleto de autodiagnóstico en el que a través de 26 preguntas pueden deducir su grado de neurosis: ¿Es usted super sensible?, ¿Tiende a exagerar sus estados de optimismo y depresión?, ¿Le gusta conmiserarse?, ¿Cree que todo el mundo lo observa?, ¿Miente sin necesidad?...
“Con solo una que conteste afirmativa puede necesitar ayuda, pero hay gente que le dice que sí a las 26 y se pasa la vida así, sin aparentes remordimientos pero infeliz”
Con el lugar dispuesto, la primera parte de la reunión se va en la lectura de los enunciados de la organización. Nora aclara que ellos no pertenecen a “ninguna secta religiosa, ni política, ni institución alguna; ni deseamos intervenir en ninguna controversia ni apoyar o combatir otras causas”. También explica que allí no hay profesionales de la medicina, ni la psicología, excepto aquellos que toman la terapia como cualquier miembro, lo que significa que también tienen problemas emocionales y están trabajando para recuperarse. “Tampoco cobramos nada, las contribuciones para pagar el arriendo del lugar (cuyo valor no revela) son voluntarias y se colectan al final de la reunión”.
A Nora se le escucha con atención. Conoce al dedillo la filosofía del N.A. y se considera una afortunada por estar allí. Dice que ese cuento de un Poder Superior, significa dejar ayudarse de Dios “como cada uno lo entienda”.
Haciendo un ‘flash back’ de su vida, recuerda que padeció durante años un inconformismo existencial, como bien lo llama, por el que pensaba “que a mí me tocaba una vida muy dura frente a la del todo el mundo. Yo decía ¿por qué no le pasa esto a fulano? Incluso llegué a maldecir no tener una vida como la de Lady Di, hasta eso me parecía injusto (...) Entonces me aislaba y pensaba que toda la gente era un fastidio y era culpa de ellos. Me volví introvertida y me alejé de mi familia”.
Nora, quien dice simplemente tener más de 30 años, no se hallaba. Por ese tiempo trabajaba en un edificio con vista a la carrera séptima de Bogotá donde se sentía enjaulada y se molestaba con la gente que estaba afuera, por no ser ella. Tenía mala voluntad para trabajar y creía que en las anfetaminas (drogas antiepresivas) iba a encontrar la solución.
“Tuve una adolescencia complicada con mis padres, bebí mucho alcohol y solo quería morirme: Tres de mis hermanos se murieron antes de los 5 años, yo sentía que estaba viviendo horas extras. Para completar, di luego con una pareja alcohólica”. La experiencia y el paso de los años, le mostraron luego que había otras salidas.
 
Para la psiquiatría
“Nosotros no usamos la palabra neurótico, en el sentido científico. Para nosotros el neurótico es cualquier persona que acepte que tiene problemas emocionales, solo cada uno puede determinar si lo es, y para eso escuchamos las experiencias de quienes ya se asumen como tal, para que los nuevos vean si sufren algunos de esos síntomas (ansiedad, miedo, angustia, tristeza, enojo, soledad, celos, insomnio) y les sea más fácil identificar su neurosis”, explica Nora, volviendo a su realidad actual.
La neurosis, entendida en el sentido científico como una alteración mental caracterizada por la presencia de un alto grado de ansiedad, miedos y obsesiones, no obstante es un concepto abandonado por la psicología científica y la psiquiatría, aunque permanezca vigente en el psicoanálisis clásico. Según el psiquiatra Camilo Umaña, de la Clínica Carlos Ardila Lule, el término abarca muchos diagnósticos, que hoy en día se tratan por parámetros muy diferentes a la definición general de neurosis.
“Hace unas décadas ahí cabrían muchos comportamientos humanos, pero hoy en día se han dividido en varios diagnósticos en los que se incluyen depresiones, obsesiones, ansiedades tipo pánico, trastornos alimenticios; cada una de las cuales tiene medicamentos muy específicos y también pueden tener muchos orígenes”.
Típicamente, la conducta neurótica es repetitiva, conduce a una mala adaptación y es insatisfactoria. Puede variar de gravedad, desde episodios leves hasta una enfermedad grave e incapacitante, que incluso requiera hospitalización.
Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades mentales y emocionales son el problema de Salud Pública número uno en el mundo y se estima que una de cada 4 personas padece algún grado de neurosis y ha llegado a sufrir trastornos emocionales graves, que han requerido atención médica especializada. Esto incluye tranquilizantes, antidepresivos, píldoras para dormir, vitaminas y hasta tratamiento de ‘Shock’. Los asistentes a las terapias de N.A. afirman que algunos profesionales de la medicina, les han sugerido finalmente que busquen ayuda en estos grupos. 
Para Umaña, estos encuentros “pueden ser en efecto una solución porque nadie es dueño de la verdad total, ni se le puede prohibir a nadie el estar en algún sitio donde siente mejoría. Como en toda experiencia, hay personas que pueden dar fe de que les ha servido, u otras que hayan complicado más sus crisis personales. De todas maneras hay que tener en cuenta que entrar a manejar el comportamiento humano, es una responsabilidad muy compleja”.
A la propia Nora le consta pues a su grupo han llegado personas muy agresivas sin mucho contacto con la realidad, a quienes han tenido que mandar efectivamente, donde el psiquiatra. “Una persona una vez cogió un valde de agua y nos lo echó encima a todos; otras se estuvo de pie toda la charla y al final empezó a pegarse con las paredes, otra empezó a contar historias imaginarias. Esos casos preferimos remitirlos al psiquiatra”, confiesa.
 
“Tengo muchos miedos”
Luego de los apartes introductorios de Nora, ahora es Adriana* la que toma la palabra. Como regla, nadie la interrumpe ni menos aún, le pregunta nada. Ella cuenta que pasó cinco años sin pedir ayuda, aún cuando ya conocía el grupo. Era una mujer infiel que pensó en abandonar a su familia por su nuevo amor, pero esos deseos le martillaban su conciencia de culpabilidad.
“Pensaba que lo mejor era que mi esposo me fuera infiel, para auto perdonarme. Pero cuando efectivamente eso pasó, me sentí morir de celos y de angustia, al verlo feliz. Empecé a querer llamar su atención dejando de comer, fumando una cajetilla diaria de cigarros, llorando todo el día, con una conmiseración muy fuerte y culpándolo de lo que me pasaba. Llegué a pensar en tirarme con mis tres hijos a un bus en una avenida, para causarle infelicidad por lo que había provocado. Después de venir aquí, recuperé mi familia”.
Las sillas de los espectadores permanecen incólumes. Apenas una lenta respiración de una mujer de edad se escucha en el recinto. Adriana baja, y el banquillo del desahogo da paso a una joven de apariencia tímida.
“Tengo muchos miedos. Desde niña: Miedo a enfrentar la oscuridad, a la llorona loca, al diablo al exorcista, nunca pude disfrutar los juegos de las escondidillas, ni siquiera las salidas de campo por el miedo a la bruja. Ahora tengo miedo a salir con alguien a bailar porque temo que se emborrache y me agreda o abuse de mi. Ha sido tal el miedo que dejé mi trabajo porque empecé a tenerle miedo a la gente sin saber por qué, a mis jefes, a los clientes, a que me violaran, a que me robaran el carro, a las calles oscuras. He ido a médicos y hasta a brujas, pero nada. Un amigo me habló de este sitio”
Nora asiente desde una esquina, como diciéndole, llegaste al lugar indicado. La invita a sentarse con ademanes y hay un silencio casi sepulcral. Las manecillas del reloj dan casi una  vuelta de 60 segundos hasta que René* decide levantarse. Al parecer, era hipocondríaco.
“Hubo un tiempo en que viví rodeado de médicos que no descifraban el por qué de mis mareos, nauseas, taquicardia y angustia. Sentía que el piso se me movía, la presión se me bajaba (eso creía yo). Visité brujos, psicólogos y nadie podía decirme qué era lo que me pasaba. Mi doctor me dijo que no tenía nada; que mi enfermedad estaba en la mente, de hecho él me sugirió venir acá. Yo quería morirme del desespero de no saber que me pasaba porque en los exámenes médicos no salía nada, dejé de atender a mi familia y no tenía deseos de hacer nada. Con estas terapias, incluso se han desaparecido los malestares físicos”.
El timbre del teléfono interrumpe la dinámica. Nora da instrucciones a una mujer al otro lado de la línea. “Por aquí la esperamos cualquier día entre semana de 6:30 p.m. a 8:00 p.m. y los sábados de 10:00 a.m. a 12:00 p.m. No se preocupe que aquí todos tenemos problemas y nos ayudamos”.
Lo dice con propiedad, pues con su experiencia, que es finalmente la última que se ventila en esta junta de recuperación, como oficialmente se llaman, ha apadrinado a personas que se sienten mal por ser gordos, por depender de la pareja, drogas psicoactivas o medicamentos, por maltratar a los hijos, por los triunfos de los demás, por la falta de dinero, por su obsesión en el juego y en su mayoría, cansados de vivir. No pocos con ideas suicidas, e intentos de acabar con la vida.
“Yo no le hago diagnósticos a nadie de su problema. Cada cual encuentra cómo solucionarlo una vez lo reconoce. Lo básico para que este sistema funcione con nuestros tres legados: Unidad, Servicio y Recuperación, que se cumplen cuando nos ocupamos de otros y dejamos de ser egoístas, para poder comprender la enfermedad”. 
Esos principios figuran en la pared del lugar junto a otras gráficas que definen las ‘curvas de enfermedad emocional y recuperación’, los ‘doce pasos’ y las ‘doce tradiciones’ de N.A., y la plegaria de la serenidad: “Señor dame valor para cambiar aquello que puedo cambiar, serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia”.
Al final del encuentro la rezan y se despiden dándose la mano, quizá para siempre. Porque Nora, René, Adriana y todos cuantos pasen por allí no saben dónde viven, qué hacen, ni en realidad cómo se llaman. Tampoco saben si mañana se volverán a ver pero saben lo suficiente, como para sentirse afines.
 
* Nombres cambiados.
 
 
México, la cuna
El Movimiento Buena Voluntad 24 horas de Neuróticos Anónimos, tal y como se llama, nació en la Ciudad de México el 7 de julio de 1977, es decir el 7 del 7 del 77. Se acordó esa fecha para la apertura por la coincidencia de sietes, ya que según su fundador, Guillermo M. (así, a secas), tardaría “quien sabe cuantos años en repetirse”. Guillermo M, apoyado por algunos compañeros, todos pertenecientes al primer grupo de Alcohólicos Anónimos (A.A) que sesionó las 24 horas del día en el mundo, le dio vida a un movimiento que se ha venido extendiendo principalmente en el país centroamericano, al punto que hoy cuenta con 140 grupos, 35 en el área metropolitana, 98 en el interior de la República Mexicana, 6 en Norteamérica y 1 grupo en Colombia. La mayoría de ellos funciona durante las 24 horas del día y los 365 días del año, con servicios completamente gratuitos.
No obstante, un origen más remoto se le atribuye a Grover B. quien habría fundado el grupo original el 2 de febrero de 1964 en los Estados Unidos, luego de haber cumplido exitosamente los 12 Pasos que los ayudaron a dejar el alcohol.
Neuróticos Anónimos, también conocido como N.A., ha adoptado el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos y lo aplica en personas que, más que tener problemas con “su manera de beber”, tienen problemas con “su manera de vivir”.
Estos problemas se manifiestan en el consumo de drogas no recetadas o pastillas antidepresivas y tranquilizantes; en el tabaquismo y otras fugas de la realidad; así como cambios constantes de ocupación, domicilio o pareja, abuso de relaciones sexuales y/o dependencias excesivas hacia otro ser humano, hacia el dinero o a las posesiones materiales y algunas otras manifestaciones de la enfermedad.
N.A. sostiene no solo haber ayudado a miles de individuos a encontrar la tranquilidad, sino haber salvado a muchos del suicidio, el manicomio o la cárcel. Como medida de protección para sus integrantes y para la agrupación, se evita formar parejas o hacer negocios entre sus miembros.

La hoja de vida de las Farc

Jueves, 04-17-2008, 7:27:24 am

¿Quienes eran los hombres que hoy trasnochan a los miembros de las Fuerzas Militares, al Presidente Álvaro Uribe y a la población civil convertida en su víctima, antes de enrolarse en la guerrilla?
 
     Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, preso en Estados Unidos y cuya libertad exigen las Farc para adelantar el intercambio humanitario, es economista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y tiene un posgrado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos).
     Trinidad fue catedrático universitario y gerente de Banco, en su natal Cesar, donde además es miembro de una de las familias más prestantes de Valledupar. No pocos se preguntan por qué, si aparentemente fuera de las filas de la subversión hubiese tenido una prometedora carrera, acabó en las Farc.
     “Irme a la guerrilla fue una decisión muy difícil por tener que dejar incluso a mis hijos, pero la dignidad está por encima", dijo alguna vez durante su época de negociador en los fracasados diálogos de paz.
     Jorge Visbal Martelo, presidente de Fedegan y amigo de Trinidad en su juventud, comentó tras su captura que nunca pensó que Palmera se enrolaría en la guerrilla, pero le reconoció su fortaleza ideológica.
     “Si uno cree que la inteligencia puede más que los fusiles, ‘Trinidad’ sería uno de los interlocutores que podría representar a una organización en una negociación”, aseveró.
     Las Farc tienen hoy en sus filas al menos una veintena de hombres, profesionales, que hacen parte del secretariado o del Estado Mayor Conjunto.
     Ellos son quizá el contrapeso para un ala militarista, encabezada por Tirofijo y el Mono Jojoy, altamente influenciada por los deseos marxistas de tomarse el poder por la vía de las armas.
     En opinión del politólogo Ernesto Borda, el hecho de que haya “personas que tienen un origen y una condición social privilegiada en las Farc, les permite un factor de interlocución mayor en la comunidad internacional”.
     Por eso, “personas como Simón (Trinidad) resultan importantes, y son ellos quienes están buscando unos fines políticos y reivindicaciones a través de la solución negociada, sin descuidar la moral de combate. El mensaje de la cúpula no es de rendición, sino una táctica de confrontación”, asevera Borda.
     Pocos olvidan el episodio del 7 de enero de 1999, cuando ‘Tirofijo’, dejó su silla vacía al lado de la del Presidente Andrés Pastrana, y algunos medios ridiculizaron al líder guerrillero diciendo que a él solo le importaba que le devolvieran las gallinas y los marranos, en alusión a su origen campesino y discurso anacrónico contra el establecimiento.
     No obstante, las Farc tienen en sus filas alguna gente preparada, “que conoce la realidad de la política y a la vez representan la base de la insurgencia como Fabián Ramírez o Joaquín Gómez (...) Ninguna revolución se ha hecho como resultado de procesos solo de izquierda. Cuando usted combina esas circunstancias de exclusión, encuentra que miembros de la burguesía comulgan con esas causas”, agrega el experto.
     En ello coincide el politólogo Alejo Vargas, quien fue miembro de la Comisión de Facilitación para los diálogos entre el Gobierno Nacional y el Eln, al afirmar que la presencia de miembros de alta alcurnia en la lucha revolucionaria “se ha dado desde la Revolución Francesa hasta la independencia”.
     “Un ejemplo es Rodrigo Asturias, hijo del premio Nobel de literatura Miguel Angel Asturias, quien después de comandar por años la Organización del Pueblo en Armas, ORPA en Guatemala, fue candidato presidencial (...) Ellos escogen a partir de su convicción ideológica si es mejor quedarse del lado del Estado y deciden”.
     Para el catedrático, aunque en la base hayan muchos guerrilleros que no tienen preparación, “en general tanto en las Farc como en el Eln, hay mandos superiores e intermedios que superan la universidad. Lo que pasa es que para ellos los criterios son de otra lógica: juega más la historia y el papel que cumplen los fundadores como Tirofijo, que de manera empírica se ha convertido en todo un símbolo. Si uno mira el caso de Vietnam, Ho Chi Min era un dirigente de origen campesino”, sostiene Vargas.
     Lo cierto es que médicos preparados en Rusia, antropólogos, y hasta economistas hacen parte del Secretariado y otros más actuaron como voceros durante las negociaciones que tuvieron lugar en el Caguán.
     Aquí están sus perfiles con base en información de Inteligencia del Ejército y de la Interpol.
       
Pedro Antonio Marín Marín 
ALIAS: Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo
CARGO: Máximo Jefe de la Organización o Cabecilla
HISTORIAL LABORAL: Considerado por algunos como el terrorista más antiguo del mundo, ‘Tirofijo’ es un campesino que nació en Génova, Quindío, el 13 de mayo de 1930. El apodo se lo ganó porque -según dicen- “donde pone el ojo, pone la bala”.
Fue bautizado en la Diócesis de la Dorada – Guaduas, parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, capilla de Nuestra Señora de las Mercedes de Núñez, Marquetalia (Caldas).
La experiencia en el aspecto armado, el conocimiento del terreno y la astucia, le han permitido sortear y sobrevivir a las operaciones militares que se han ejecutado contra las Farc. De bajo nivel cultural (quinto año de primaria) y filiación liberal, Marin se dedicó hasta los 16 años a labores agrícolas en su municipio natal, en los cafetales de sus padres.
A esta edad inició sus desplazamientos por las regiones de Morelia, la Tulia, Betania, el Águila, el Dovio. (Valle), en donde se le conoció como expendedor de carne, panadero, vendedor de dulces y panela y comerciante de madera. Algunos registros señalan que se desempeñó como inspector de carreteras, aunque este dato no lo han podido confirmar las autoridades.
Su debilidad es la incapacidad para el manejo del aspecto político, pero sus subordinados le tienen respeto y obediencia más por “tradición” que por preparación y capacidad. Todas las decisiones que se tomen a nivel del movimiento deben contar con su aprobación.
Como máximo cabecilla es quien “da el visto bueno” de todos los fusilamientos de subversivos que infringen los reglamentos de la organización, que superan los 1000 integrantes, según informaciones de desertores y análisis de documentos en poder de Inteligencia.
PARTICULARIDADES: De su personalidad se sabe que es fumador incorregible y prefiere normalmente el vestido civil a los uniformes militares. Aún mantiene su idiosincrasia campesina reflejada en sus comidas favoritas: frijoles con garra, sancocho de gallina y arepa antioqueña. Se expresa de manera rudimentaria y emplea con frecuencia aforismos o dichos. Se sabe que siempre está acompañado de un perro pastor alemán de nombre Danger. Sufre de la próstata y artritis y ha padecido dos ataques cardiacos.
 
Guillermo León Sáenz Vargas
ALIAS: Alfonso Cano
CARGO: Miembro del Secretariado. Ideólogo Político - Jefe del Bloque Occidental.
HISTORIAL LABORAL: Nació el 22 de julio de 1948 en Bogotá, donde adelantó sus estudios de secundaria. Lleva 27 años de su vida en las Farc. Es el intelectual más caracterizado de este grupo armado y está al frente del clandestino Movimiento Bolivariano, proyecto político de las Farc lanzado el 29 de abril de 2000.
En 1970 aparece en el panorama de la Universidad Nacional, como estudiante de Antropología, de gran beligerancia dentro de la masa universitaria. Como miembro de la juventud comunista integra inicialmente el denominado “Movimiento Rojo” (que promulga la reforma Universitaria Nacional). En abril de 1973 es nombrado secretario (e) de la Juco, cargo desde el cual promovió eventos que le valieron arrestos consecutivos con penas entre 60 y 150 días en la cárcel Distrital y a la postre culminaron con la expulsión de ese centro docente.
A finales de 1973, fue proclamado por la dirección del partido comunista como candidato a las elecciones presidenciales de 1974. El 25 de mayo de ese año, en compañía de Carlos Romero Jiménez, viajó a Moscú en donde participó en el XVII Congreso de Komsomol Soviético.
El 11 de septiembre de 1981, formó parte de la mesa directiva de la "Semana Colombo - Soviética", durante la cual se efectuó el intercambio de programas y directrices a desarrollar por la llamada "Coordinadora Nacional de Juventudes Colombianas”.
Cursó posteriormente diez semestres de Derecho en la Universidad Nacional, sin obtener el título debido a que no presentó tesis ni exámenes preparatorios. Habla Francés.
PARTICULARIDADES: Se sabe que es el único que dispone de baño privado en los campamentos y tiene preferencia por la ropa civil más que por el uniforme. Es adicto a las bebidas finas, especialmente el Whisky Chivas Regal y Sello Negro.
No pueden faltar en su menú las verduras o las frutas y es obsesivo con el aseo. Dentro de la base guerrillera no posee gran aceptación, ni goza de aprecio popular, debido a que no ha cumplido ningún “proceso de formación militar”, pasando de “soldado a general” sin haber pertenecido a ninguna cuadrilla, haberse desempeñado como subversivo raso, ni haber ejercido mando alguno.
 
Víctor Julio Suárez Rojas o Luis Suárez
ALIAS: Jorge Briceño Suárez o Mono Jojoy
CARGO: Miembro del Secretariado. Jefe Militar
HISTORIAL LABORAL: Nació el 2 de Enero de 1951 en Cabrera, Cundinamarca. Se vinculó al movimiento guerrillero en el año de 1975 como guerrillero raso y en forma progresiva fue ocupando los cargos de “comandante de escuadra”, compañía y otros hasta llegar a pertenecer al secretariado de las Farc.      
Apenas alcanzó a culminar sus estudios de secundaria, pero en la organización se encargó de la instrucción de los nuevos reclutas. Vivió en el área rural de Pasca dedicándose a la agricultura. Paralelo a esta actividad comenzó a hacer parte de la red de apoyo de reductos guerrilleros en la zona y del Partido Comunista Colombiano.
PARTICULARIDADES:
Celebra siempre el cumpleaños de sus hijos y siempre carga entre sus pertenencias una botella de Brandy Genesis. Dentro de su vestimenta no puede faltar la boina de color negro.
Quienes lo conocen dicen que es bastante estricto en la disciplina y que difícilmente se le puede engañar. Algunos lo califican de sanguinario y muy cruel.
 
Luciano Marín Arango 
ALIAS: Iván Márquez.
CARGO: Miembro del Secretariado. Jefe del “Bloque Norocidental” y Caribe.
HISTORIAL LABORAL: Nació el 16 de junio de 1955 en Florencia, Caquetá. Estudió Derecho en la Universidad Nacional y se desplazó a la Unión Soviética a complementar sus estudios. Inicialmente se inició como profesor universitario en la Universidad de la Amazonía ubicada en su ciudad natal y posteriormente en el año de 1977 se afilió a la Juventud Comunista regional Caquetá. A la par actuaba como miembro de la red de apoyo de la II y III cuadrilla de la organización armada.       
Más tarde entró a formar parte del Movimiento Unión Nacional de Oposición (UNO).. En 1986 fue representante suplente a la Cámara por el Caquetá, avalado por el movimiento Unión Patriótica (UP).
 
Rodrigo Londoño Echeverri
ALIAS: Timoleón Jiménez o Timochenco.
CARGO: Miembro del Secretariado. Jefe de personal de la organización encargado de las redes de apoyo a nivel nacional.
HISTORIAL LABORAL: Es otro de los guerrilleros más antiguos de las Farc. Nació el 22 Enero de 1959 en Calarcá Quindío. Obtuvo su título de médico en Rusia y una vez culminó sus estudios, se vinculó al movimiento subversivo desde marzo de 1982, como cabecilla de la IX cuadrilla de las Farc. Por sus conocimientos profesionales y la capacidad militar que demostró, obtuvo un ascenso acelerado dentro de la organización; para 1986 figuraba ya como quinto cabecilla del Estado Mayor Central.
 A partir de esa fecha, cumple diversas misiones de tipo político y establece contactos con varias personalidades de alto nivel en el orden nacional. Se destaca su apoyo a la candidatura del extinto Jaime Pardo Leal.
PARTICULARIDADES: Utiliza permanentemente una boina de cuero, color negro.
 
Germán Briceño Suárez  
ALIAS:Granobles
CARGO: Jefe Militar
HISTORIAL LABORAL: Natural del Municipio de San Juan del Sumapaz, nació el 15 de diciembre de 1953, pero toda su vida de infancia residió en Pasca. Allí adelantó sus estudios hasta finalizar secundaria.
Ingresó a la organización aproximadamente en 1.986 como miliciano, en área general del Sumapaz. Tres años más tarde es destinado para la cuadrilla 30, donde por malos manejos en la dirección es enviado a un “juicio revolucionario” en 1991. Su hermano, el Mono Jojoy, abogó por su inocencia y logró que comandara la cuadrilla XVI con área de influencia en el Departamento del Vichada. Es responsable de la muerte de los tres indigenistas en 1999.
Luis Edgar Devia Silva
ALIAS: Raúl Reyes
CARGO HASTA SU MUERTE EL 1 DE MARZO DE 2008: Miembro del Secretariado. Jefe de Finanzas.
HISTORIAL LABORAL: Nació el 30 de septiembre de 1948 en La Plata, Huila. Allí culminó sus estudios de secundaria y se titulo como técnico agrícola del Sena. Luego se desempeñó como empleado de la Caja de Crédito Agrario en la ciudad de Florencia.
Ingresó a las Farc en los años 70 integrando el frente tercero con área de influencia en su departamento natal. Era uno de los hombres de confianza de “Tiro Fijo”, de hecho era la pareja de su hija Olga Marín, y fue el responsable de numerosas acciones en los departamentos de Putumayo, Huila y Caquetá.