Estando dentro del pez, este hombre llamado Jonás tuvo que arrepentirse de huir de Dios, y para eso utilizó la oración.
"Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez. Dijo: «En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor. A lo profundo me arrojaste, al corazón mismo de los mares; las corrientes me envolvían, todas tus ondas y tus olas pasaban sobre mí. Y pensé: "He sido expulsado de tu presencia. ¿Cómo volveré a contemplar tu santo templo?" Las aguas me llegaban hasta el cuello, lo profundo del océano me envolvía; las algas se me enredaban en la cabeza, arrastrándome a los cimientos de las montañas. Me tragó la tierra, y para siempre sus cerrojos se cerraron tras de mí. Pero tú, Señor, Dios mío, me rescataste de la fosa. »Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. »Los que siguen a ídolos vanos abandonan el amor de Dios. Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La salvación viene del Señor!»
Entonces el Señor dio una orden y el pez vomitó a Jonás en tierra firme" (Jonás 2).
Quzá tu vida necesita hoy una oración para cambiar. Quizá nenesitas decirle a Dios todo aquello que el odio ha impedido decirle. Quizá hoy debas confesarle tus pecados y pedirle perdón. No esperes a estar dentro de un pez para clamar al Señor. Ahora debes hacerlo.




