Mentir es igual a morir
Lunes, 08-11-2008, 8:17:32 am
En la época de los apóstoles, los creyentes decidieron compartir todas sus propiedades con los demás. En esos días, un hombre llamado Ananías y su mujer Safira, decidieron vender una propiedad. Pero cometieron un error, sus corazones se dejaron llevar por el dinero.
"Un hombre llamado Ananías también vendió una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles.
—Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno?¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!" (Hechos 5: 1-4).
Esta pareja pudo haber dicho que no darían el dinero a la iglesia, pues no era obligación. Pero como se comprometieron a hacerlo y no lo hicieron, pecaron. Y las consecuencias fueron desastrosas. Cuando Pedro le dijo eso, lee lo que pasó: "Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura. Unas tres horas más tarde entró la esposa, sin saber lo que había ocurrido. —Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio?
—Sí —dijo ella—, por tal precio. —¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a *prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti. En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo. Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos" (Hechos 5: 5-11).
Podemos mentir a los hombres, es verdad. Me puedes mentir a mí con apariencia de oveja, pero a Dios no hay quien le mienta. Y mentirle a Él puede llevarnos hasta la muerte. El Señor necesita gente de palabra, fieles a sus órdenes.