"31 Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo". (Efesios).
Hoy encontramos en las noticas que un amigo apuñaló a otro por un "ataque de ira". También vemos que después de gritos y una ira incontrolada, una mujer "mató a su esposo". Y así existen muchos casos fatales que son resultados de la falta de tolerancia y paciencia con los demás.
Dios nos invita, como siempre, a hacer lo contrario a lo que haría una persona no creyente. Nos convida a que seamos buenos, compasivos, perdonadores,...
Traguemonos la ira, el enojo, los gritos y toda malicia, y expulsémola de nosotros, pidiendo a Dios que renueve nuestra mente cada segundo y que limpie nuestro corazón de toda maldad. El Espíritu de Dios en nosotros produce paciencia. La malicia y lo que ella produce no es más que del diablo.




