Una de las luchas más fuertes que tenemos nosotros es sobre la sexualidad. Muchos apartan el amor de su corazón para llenarse de puro placer. Por eso van a prostíbulos, son infieles a su esposa, se masturban sin saber controlar sus cuerpos, violan, tienen actos homosexuales con sus amigos o desconocidos.
Esta es una guerra fuerte. Los medios de comunicación y la gente, dicen: obedezcan sus cuerpos; tengan placer en los pensamientos homosexuales. Pero Dios que es “la fuente de agua viva” (Apocalipsis 21: 6), nos da de beber una vida nueva, diferente a la que nos propone el mundo.
“Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan sus miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia” (Romanos 6: 12-13).
De pronto la televisión, tus padres, tus amigos, tú mismo, te has enseñado a utilizar tu cuerpo para cosas desagradables. Hoy Dios te dice: “Stop. No utilices más cuerpo para eso. Deja ya de obedecer la carne y esos deseos que habitan en ti.”
Esos deseos y pensamientos no van a desaparecer de tu cuerpo hasta que cambies de vida, hasta que no tomes a Dios en serio. Él te propone otro camino que es el camino de la vida.
“… ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (Romanos 6: 13), ¿Y qué pasará si obedecemos esta Palabra? ¿Qué nos promete Dios si entregamos nuestro cuerpo a Él?
“Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes” (Romanos 6: 14).




