Si te mantienes fiel a un amigo, esta persona te contará lo más íntimo de tu corazón. Conocerás sus secretos, los guardarás, compartirás que ese alguien sus dolores y alegrías. Pero si eres infiel, entonces no eres de confiar. Si andas con uno, con otro, y a la vez sin nadie, entonces nadie podrá depositar tu confianza en ti porque eres una persona inestable.
La misma situación pasa con Dios. Si somos fieles a Él, entonces nos contará las verdades que son ocultas para muchos. Si permanecemos fieles a sus enseñanzas Él nos ha prometido que seremos sus discípulos.
“Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos”, ¿y qué pasará si somos sus discípulos?, “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8: 31-32).
Que bueno es permanecer fiel a Dios. Si es así Él no dirá las verdades que sólo pueden ser reveladas a sus discípulos, y esa verdad nos hará libres de pecados, de ataduras sexuales, de miserias económicas, de preocupaciones, de vicios, de indisciplina.
¿Y cómo se reconoce una persona fiel? Porque práctica la Palabra del Señor. No sólo la lee y la escucha, sino que la toma para practicarla cada segundo y guardarla en su corazón.
“Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de vida” (Apocalipsis 2: 10).




