La Biblia dice: “La mente humana no se imagina lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” (1 de Corintios 2: 9).
Nadie se imagina el cielo porque muchos no creen que exista. La mente humana es tan pequeña que no puede imaginarse lo que Dios tiene preparado sólo para sus hijos.
En el cielo nuestra “tristeza se convertirá en alegría” (Juan 16: 20). No importa lo que suframos por Dios aquí en la tierra. En el cielo está nuestra recompensa.
Vamos al cielo para conocer a Dios como nunca lo hemos visto. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo” (Juan 17: 3). Veremos a Dios “cara a cara” (1 de Corintios 13: 12).
A los fieles, Dios nos dirá: “¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor!” (Mateo 25: 21).
Ahora, te pregunto: ¿de verdad quieres ir algún día a ese lugar? ¿Qué estás haciendo para merecerte un puesto en el Reino de Dios? Él nos llama a que rindamos nuestras vidas, que escojamos el buen camino para al final llamarnos a disfrutar de su hermosa compañía.
Vamos al cielo para ver a Dios cara a cara, para compartir con todos sus hijos y para disfrutar de una paz y una alegría eterna.




