Dichosos los que nunca se rinden
Jueves, 06-19-2008, 9:25:43 pm
Jesús nos dice a nosotros: "Al vencedor le permitiré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3: 21).
"Hermanos, tomen como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas que hablaron en el
nombre del Señor. En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron. Ustedes han oído hablar de la perseverancia de Job, y han visto lo que al final le dio el Señor" (Santiago 5: 10-11).
Job era un hombre reconocido, adinerado, un hombre adorador de Dios que de un momento a otro se quedó prácticamente sin nada. Sus hijos murieron, le cayó una peste en el cuerpo, sus amigos llegaron a él para afligirlo, no sentía a Dios y su esposa lo recriminaba. Pero Job, a pesar de todo eso, siempre mantuvo la confianza en Dios y por eso recibió el doble de lo que había perdido.
"Dios le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job" (Job 42: 10).
Muchas veces vamos por el camino y nos rendimos ante cualquier problema. Así mismo, hay muchas personas que un día deciden obedecer a Dios y al otro se rinden por cualquier tentación. Pero nuestro Papá es claro: benditos son los que perseveran, los que se levantan después de haber caído, los que llegan a la meta no interesa con cuantos golpes.
Los tres primeros capítulos del apocalipsis están dedicados a coronar a esos que llegan al final, a los perserverantes.
"Al vencedor le daré de comer del árbol de la vida" (Apocalipsis 2: 7).
"El vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte" (Apocalipsis 2: 11).
"Al vencedor le daré de comer del pan escondido, y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita un nuevo nombre escrito, el cual nadie conoce sino el que lo recibe" (Apocalipsis 2: 17).
"Al vencedor que guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones (Apocalipsis 2: 26).
"El vencedor será vestido de vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida" (Apocalipsis 3: 5).
"Al vencedor yo lo haré columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de allí" (Apocalipsis 3: 12).