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La niña pez

Martes, 02-26-2008, 11:18:12 pm

Lucía unas orejitas de ratona muy graciosas, y sin embargo era real... allí estaba, su esqueleto demostró ser ciertas las sospechas de que una familia de sirenas y tritones deambulaban por nuestras costas... lo que no pudimos resolver fue la manera en cómo algunos de aquellos seres caminaron por nuestras playas... de cómo pudieron trasladarse sobre dos piernas y adentrarse al interior...

Algunos piensan que desde la misma aldea alguien los ayudó... pero lo cierto es que no se puede cargar tantísimo rato con un ser del tamaño que se decía que eran esos tritones... lo más espectacular era convertir sus colas de pez en piernas...

O alguna variedad de seres acuáticos sí disponían de la habilidad de caminar sobre pies palmípedos.

Lo único que se sabe es que atrajeron numerosísima pesca en los momentos en que la aldea vivió una grandísima escasez por las sequías, una extensa calor asolaron las tierras de más adentro y más aún, ellos, se dice, abrieron canales de agua dulce que brotaron espontáneamente desde las montañas y sirvieron para abastecer varias aldeas.

Por estas islas el acceso es complicado por un bravo mar y calas como cuchillas. En nuestro aislamiento no podemos ni vislumbrar las necesidades de otras islas, salvo cuando lucen, como en esta ocasión, las llamas de alarma, donde nos comunican que sus abastecimientos se reducen peligrosamente.

En la misma forma comunicamos nuestra voluntad de ayudarlos, sin levantar por ello la envidia, corrimos en barcazas cargadas de peces o que pescábamos de camino, nuestra carga toda se dirigió hacia la isla vecina. Nuestras mujeres amasaron y cocinaron productos con sus propias manos para ellos y la travesía duró algunas lunas.

La brujería no era un concepto contenido en nuestra lengua. Pues es más usual vivir directamente el fenómeno que imaginarlo. Por tanto, hablarles de seres acuáticos en unas islas rodeadas de brumas y nieblas todo el año no significó ninguna sorpresa, máxime cuando el escudo real es propiamente un tritón con un tridente. Alguien lo llama Dios, pero no estoy muy seguro. Acaso pastoreara estas islas como su rebaño particular y nos protegiera. Sí, actuaría como un dios para los primeros moradores de estas islas que nunca supimos cómo llegaron hasta aquí. Dicen que el mismo Dios los puso aquí, hombre y mujer, traídos de lejos.

Lo cierto que alguien del pueblo perdió la vida, cuenta la leyenda, queriendo rescatar de una orca asesina a lo que parecía una niña con un tocado en la cabeza. Resultó ser, después de muchos años, la hija del monarca de las profundidades acuáticas, como imaginamos que sería. Devolvimos los restos al mar, en una pequeña barquita blanca, que no tardó en ser instantáneamente engullida esa tarde sin oleaje. Alguien la llevó. Del niño que trató de salvarla nada supimos nunca, hay quien cuenta que vive en el reino submarino, convertido en hombre-pez, y que es él quien provee de peces nuestras costas. Impedida el habla por los años bajo el agua, desconocido de los suyos, ahora su único recuerdo es el instinto de ayudarnos.

El pacto del reinado de las islas por un ser llegado del mar vuelve a hacerse real y esperamos que aquellos seres que se adentran en nuestro territorio venidos del mar, terminen lo que parece una inspección y proclamen la hora en que nuestro Señor tome posesión de lo que siempre protegió y fue suyo.

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