S iente E l O tro L ado.
Jueves, 03-22-2007, 3:45:39 am

Escribo esto para que determinadas imágenes queden algo más abajo...
Sí, son fuertes... lo terrible es fuerte... muy fuerte... poderosamente repugnante.
No tenemos más remedio que quedarnos boquiabiertos con la voluntad divina... para que suceda en el espacio y el tiempo, la prisión humana, todo lo que nos ocurre.
Anoche imaginé un cuadro... no seré capaz nunca, nunca de pintar semejante cosa.
Quedará en mi imaginación. Se titulaba "El otro lado".
Al fondo se veía el planeta Tierra, de donde salía un enjambre lejano de barcas, portaban un féretro y delante una figura amortajada de pie.
Se dirigían a la izquierda del cuadro, a la isla de los muertos, que pintara Arnold Bocklin, esa misma isla se reproduce en esta obra.
Más cerca un paisaje variopinto de jardines, árboles y montañas. Lo anecdótico de todo ello son los personajes y figuras que lo pueblan, de culturas y épocas distintas, se encuentran apenas relacionándose unos con otros... así, una niña decimonónica con un amplio sombrero corretea con un cordel en la mano, que se extiende hacia lo alto, un cielo azul limpísimo, donde flota un elefante vivo, que mira asombrado hacia el suelo sin entender qué hace allí... Un señor vestido a la usanza del imperio romano, observa pensativo hacia el espectador, su mirada está perdida en ensoñaciones...
Un niño de principios de siglo XX camina junto al Capitán América... de la mano... su héroe le acompaña en su tránsito.
La gente en la escena la llena sin desbordarla, hay espacio entre unos y otros, sin tocarse, todos ocupan ese jardin, caminan hasta perderse hacia las lejanas montañas, rodeados de vegetación extraña unas veces y siempre exhuberante.
Un fauno pasea con su flauta de pan entre la maleza... una dama lo observa oculta en los árboles...
Un guerrero curtido en mil batallas permanece sentado en un sillón a modo de trono... medita la próxima táctica. Su espada es verde óxido. Mujeres con niños en sus costados se desplazan rápidas, envueltas en paños caminan hacia ningún sitio, buscando lo que en otra época era comida... ahora ya no saben por qué corren. No hay peligros, amenazas ni necesidades. Tan sólo consciencia y el momento de despertar.
Los seres que allí se muestran se ocupan de sí mismos como si se encontraran aún en vida, una anciana, aviva el fuego en el suelo, vestida de negro, sentada en su silla de enea... absorta a lo que le rodea, considera su vida anterior continuada. Pero ahora no siente hambre, frio, calor... tan sólo no se recuerda y permanece en ese sitio de tránsito, donde las almas toman conciencia de que han fallecido y han de desprenderse del apego que la vida terrena hace sobre su inconsciente.
A la derecha del cuadro, frente a la Isla de los Muertos, seres ya desnudos flotan junto a otro ser alado hacia una ciudad brillante, metálica, que refleja luz intensa, sin iluminar el Jardín del Tránsito. Hacia allí se dirigen las almas que han comprendido y entienden que han de continuar el camino de la evolución, hacia estados más completos del ser... sus vestiduras caen hacia el jardin, donde permanecen obstinados muchos seres humanos que no quieren verse a sí mismos.
En el primer plano, una reja semiabierta, luce un cartel de hierro en el que se puede leer:
"S iente E l O tro L ado"