Los cubanos nos sentimos orgullosos de tener a Fidel, asi, Fidel como el desea que le sigamos diciendo, quien sintetiza la rebeldía que ha caracterizado a los hijos de esta nación, sedimentada durante los cuatro siglos de colonización española, con la resistencia de la población aborigen, simbolizada por Hatuey. Figuras ilustres como el presbítero Félix Varela y José de la Luz y Caballero que contribuyeron a forjar el sentimiento independentista cubano. Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de La Revolución que comenzó en La Demajagua el 10 de octubre de 1868. Antonio Maceo, Máximo Gómez, Ignacio Agramonte bravíos combatientes de las gestas libertarias.
José Martí, forjador de una nueva estrategia de unidad para la lucha, aglutinador y creador de un partido que articulara a los “nuevos pinos”, como él le llamó a las nuevas fuerzas revolucionarias, con los aguerridos combatientes de la guerra de los 10 años. La resistencia de los trabajadores, campesinos y estudiantes de la seudo república, renovadores del pensamiento más avanzado de esa época.
Las universidades que se fueron transformando, desde Julio Antonio Mella, en fragua de revolucionarios donde aguardaba un pupitre, en la Facultad de Derecho, con toda esta carga de tradiciones y pensamientos revolucionarios, para que fuera ocupado por el estudiante Fidel Castro, alumno que aprendió, como ningún otro, a convertir esas tradiciones de lucha en ideas avanzadas de un pensamiento Martiano que pusieran fin a la explotación, el abuso, los crímenes, la discriminación del negro y la mujer, la miseria, el hambre, el desempleo, el analfabetismo, el negocio de la prostitución y del juego y la entrega del país a gobiernos foráneos.
En su alegato de defensa, conocido por “La Historia me Absolverá”, Fidel definió estos antecedentes históricos como: “Las crónicas de nuestra historia, que arrancan cuatro siglos y medio atrás, nos cuentan muchos hechos de crueldad, desde las matanzas de indios indefensos, las atrocidades de los piratas que asolaban las costas, las barbaridades de los guerrilleros en la lucha de la independencia, los fusilamientos de prisioneros cubanos por el ejército de Weyler, los horrores del machadato, hasta los crímenes de marzo del 35; pero con ninguno se escribió una página sangrienta tan triste y sombría, por el número de víctimas y por la crueldad de sus victimarios, como en Santiago de Cuba. Sólo un hombre (Fulgencio Batista) en todos esos siglos ha manchado de sangre dos épocas distintas de nuestra existencia histórica y ha clavado sus garras en la carne de dos generaciones de cubanos. Y para derramar este río de sangre sin precedentes esperó que estuviésemos en el Centenario del Apóstol y acabada de cumplir cincuenta años la república que tantas vidas costó para la libertad, porque pesa sobre un hombre que había gobernado ya como amo durante once largos años este pueblo que por tradición y sentimiento ama la libertad y repudie el crimen con toda su alma, un hombre que no ha sido, además, ni leal, ni sincero, ni honrado, ni caballero un solo minuto de su vida pública”.
Desde muy temprano el pensamiento de Fidel, inspirado en el ideario martiano, no solo estaba relacionado con transformar a Cuba en país donde los ciudadanos tuvieran derecho a la educación, la salud y la seguridad social. En desarrollar en cada compatriota la capacidad intelectual que permitiera interpretar los avances de la ciencia y la técnica y que éstos fueran puestos al servicio de toda la sociedad, sino que con ello abría que cumplir con la deuda de gratitud contraída con la humanidad por que a través de la historia muchos ciudadanos extranjeros dieron su aporte en las luchas revolucionarias cubanas.
La práctica del internacionalismo ha sido un principio que ha favorecido a muchos países del tercer mundo en innumerables actividades que van desde la defensa de la soberanía de pueblos en África hasta la formación de profesionales en las aulas de las escuelas de medicina, de deportes y otras disciplinas de casi todos los continentes incluidos los más humildes de los propios Estados Unidos.
Hoy se cuentan por miles los cubanos que han dado su ayuda generosa a decenas de países y han vivido junto a los más necesitados, personas sin recursos a quienes se ha atendido pero también recibido de estos el cariño, el afecto que a pesar de la desinformación que sobre Cuba existe fuera del país no han podido evitar que se conozca “Mi Comandante”, como muchos lo llaman, lo han hecho suyo porque saben que ha sido el inspirador en cada cubano de esta práctica humanista donde el altruismo es la mejor bandera que se exhibe y que todos reconocen aun por aquellos que nos quieren destruir.
En el alegato de “La Historia me Absolverá” Fidel citaba que no se podía olvidar las palabras del Apóstol: "El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es [...] el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber."
Esta máxima martiana encuentra resultados en muchos países de África, de América Latina y Asia conocedores que nuestra riqueza está en cada hombre y mujer que han logrado llegar a los rincones más apartados e inhóspitos para aliviar el dolor de los desposeídos, los que de no tener esta ayuda no habrían sobrevivido a las enfermedades y las epidemias como en el caso del terremoto del Perú o de los países de Asia afectados por fenómenos naturales.
Fidel no solo ha conducido una revolución sino que, con su magisterio, ha logrado formar un pensamiento político en la sociedad cubana que le ha permitido gozar de un prestigio internacional que ni los enemigos han podido obviar. Ha formado generaciones de cubanos que permiten garantizar la continuidad para cuando los protagonistas y líderes históricos no estén. Con su concepto de Revolución ratifica que esta obra no es estática ni perfecta sino que su mejor virtud es la continua y exigente mirada a lo que se hace y saber detectar lo que se debe mejorar o cambiar para que exista en Cuba: Más Revolución, más y mejor Socialismo.